viernes, 23 de enero de 2015

Me tengo indulgencia

Es complicado esto de perdonarse.

Los lunes me pongo normas:


  • Ana: has limpiado toda tu habitación como una neurótica. Cortinas, sábanas, cojines, ropa que estaba limpia pero estaba por medio, ordenar los libros, guardar los miles de cables y cargadores que andaban sueltos por el escritorio. Y queda totalmente prohibido fumar en el dormitorio. Prohibido.
  • Ponerme en serio con el inglés porque si aprovecho los cinco días de la semana (estas cosas se miden en días laborales, por supuesto) habré avanzado un montón. Decidido, esta semana me ventilo tres o cuatro temas.
  • Pasar un día en casa de mis padres. Es importante pasar tiempo con la familia y la mía es la mejor del mundo. El miércoles podría ser un buen día para cenar en casa.
  • Ir a correr por el río. Ana hay que hacer deporte porque después te sientes mejor, estás más cansada por la noche y duermes mejor. Sabes que el insomnio te sienta terrible.
  • Organizar la comida de la semana. Y ahí estaba la tía el lunes en el supermercado, con una lista en la que cuadraban almuerzos y cenas con el equilibrio de un nutricionista.
  • Otra vez me he impuesto la ley seca porque el fin de semana pasado me excedí, así que nada de alcohol entre semana.
  • Evitar mis bucles de sociopatía y dejar de recrearme en mis miserias porque después me entran unas penas que solo las calmo escuchando cantautores cortavenas.
  • En relación a lo anterior: no escuchar cantautores cortavenas. Y lleno el spotify de listas perfectas: música relajante, que aporte energía y buen rollo. Sí, con esto de banda sonora encararé mejor la semana.
  • No leer poesía. Tía sabes que te encanta pero esta semana no te  sentará bien por lo que evita esos libros.
Y tengo que reconocer que todo ha ido genial.

Nada de tabaco entre mis cuatro paredes, ayer fui a casa de mis padres a cenar pero decidí dormir en mi piso, aunque eso cuenta como "tiempo familiar". La alimentación equilibradísima. Me he relacionado con mis compañeras de piso, invité a comer a mi amiga del barrio, tomé café con amigos de la facultad, eso si, todo ello sin alcohol como una campeona. Y por las noches he estudiado inglés con música de relax. 

Amanecí el jueves con ganas de quitarme los grilletes y nada...

No he tocado un libro de inglés en todo el día, quité la conexión de datos del móvil para no tener noticias ni de mi madre (y no se trata de una frase hecha), me he negado a cocinar y me he alimentado a base de restos de cosas que me la zumba si se equilibran o no. Nada más me he relacionado conmigo misma, he fingido una siesta eterna para que nadie me demandase con alguna historia y me he recreado en tooooodo lo que me ha dado la gana, fuese o no real.

Eso si, me puse el chándal y me fui al río a correr. 
Para cuando terminase relajarme un poco, me eché un libro y el paquete de tabaco.

Llegué al río y pasé de correr. Me senté en un banco aislado, me puse los cascos y empecé a ponerme música. Y sí, fui de cantautor en cantautor hasta haber calentado lo suficiente y sacar el libro.
Y también, "Veinte poemas de amor" de Neruda. Todo ello fumándome un cigarrito tras otro. Muy cómico porque con el chándal rosa fucsia realmente parecía muy deportista y mirad mi plan en el banco sentada, vamos me faltaba la litrona de cerveza.

Al llegar casa, me he dado una ducha y me he puesto el pijama de lunares con terciopelo por dentro.

He pensado: "Quilla ya que estás: te tomas una copita de vino y ves una peli cenando".

Lugares comunes de Aristarain, así algo suave para no volverme muy profunda y reflexiva. ¡Já!

Han sido dos copas de vino y dos cigarros en mi dormitorio. El mismo en el que el lunes estaba PROHIBIDO fumar.


¿Lo mejor de todo?
Que me perdono; me indulto de corazón porque me hago gracia y mucha. No sé para qué coño intento ser tan rígida si sé que a mi no me gusta vivir de forma disciplinada y estricta.

Así que brindo por el autoperdón con una tercera copa de vino y Aute de fondo.




jueves, 22 de enero de 2015

Desastres





"Y la razón te pide que frenes, te recuerda que no sabes volar, que vas a caer en picado, que esta vez no te puedes enamorar.

¿Qué te hizo pensar que podías ordenar este caos de cabeza y corazón? 

¿Qué te hizo creer que podías reemplazar el dolor de un papel en blanco por un atraco a beso o muerte?

El tiempo te ha enseñado que yo soy más de versos y de buscar la suerte en los lugares menos apropiados. Que la busco en bocas que contaban mentiras y que miras por donde miras solo vas a encontrar a una persona perdida. 

Cielo, no es culpa tuya todo esto. Yo ya estaba perdida antes de conocerte, ya era un desastre en las noches con copas de por medio. Ya era demasiado niña para la vida y demasiado mujer para un hombre.


Y aunque es cierto que contigo aprendí a ver el vaso medio lleno, deberías saber que tan solo me has servido para ahogarme."

Loreto Sesma

lunes, 19 de enero de 2015

Calcetines desemparejados

Como todos los soñadores,
confundí el desencanto
con la verdad.

Jean-Paul Sartre

- ¿Tú qué eres la chica de moda?

Y entiendo tu pregunta, aunque me jode esa afirmación con signos de interrogación.

Me jode porque siempre me consideré de las que iban a contracorriente, de las que son difíles de leer y creen que pocos pueden entender lo que dices entrelíneas.

He pasado más tiempo de bares estos meses del que me gustaría reconocer. No sé con exactitud a cuántos camareros que no me dejan pagar conozco. No puedo sentarme en ninguna terraza a tener una conversación porque cada 10 minutos saludo a alguien, normalmente no recuerdo el nombre de esa persona y tengo estudiados paripés de simpatía.

No sé cuánto de cinismo hay en mi, y eso que siempre lo odié. Amo el sarcasmo inteligente pero odio el cinismo.

Y tú recién llegado para invitarme a cenar.
La conversación es perfecta. Hemos compartido profesores de la facultad, publicas tu primer libro de narrativa de viajes en breve, estás emocionado y me cuentas anécdotas de tu aventura africana que me deberían tener embobada y estoy distraída. Eres guapo como pocos: piel azúcar morena, rizos perfectos y pestañas infinitas. Es totalmente lógico que tus amigos te llamen Lenny porque te das un airazo al señor Kravitz. Te miro y sé que eres el morbo personificado y quiero que acabes en mi cama de nuevo.

Nos vamos de copas y eres aún más divertido. Te molestan todos mis comentarios sobre "lo buena gente que me pareces" porque estás seduciéndome constantemente pero lo hago para jugar contigo. Y bien sabes seguirme el juego. Hasta que me dices, con esa sonrisa perfecta, que como siga haciéndote comentarios de ese tipo, voy a dañar tu ego masculino.

Entonces termino con el teatro y nos vamos a mi casa. 
No sé si me quedo con el intenso sexo nocturno o con el aún más intenso en la mañana. Honestamente tus ritmos mañaneros fueron brutales por lo que, y que yo diga esto es extraño, es un placer amanecer contigo.

Y todas estas estupideces solamente han venido por los calcetines.
Es estúpido pero no he sido consciente hasta ver el calcetín.

Te has ido con un calcetín tuyo y uno mío. Y me has dejado igual, con uno y uno.
No sé si ha sido consciente o inconsciente pero no sé si nuestros calcetines volverán a emparejarse o los dejaremos así.

Sólo por una cosa: Eres demasiado perfecto y yo soy un desastre.
No soy la chica de moda, soy un desastre lleno de contradicciones que tal vez el mejor recuerdo que quiera tener de ti sea un calcetín descabalado.

lunes, 12 de enero de 2015

Enigmas del mirar

17 meses aproximadamente. 
Algo más de 500 días de preguntas y espirales grises.

Puede parecer mucho pero ha sido más breve de lo que podrían imaginar, breve pero intenso como una noche de fiesta. Exactamente así.

Aprendí a mirar de otra manera, 
Entendí que buscando siempre la intensidad mejor me doy por perdida y yo jamás seré derrotista, comprendí que no es sano exigir a los demás que me prioricen de algún modo. Conseguí digerir (¡y vaya si ha costado! ) que lo hacía para ocultar mis carencias e inflar mi ego. Exigencias con destino a un fracaso pronosticado.

Conseguí interpretar que me hace más feliz lo que construyo a lo que fantaseo. Lo más importante es que cuando construyo no tengo miedos. Y estaba tan cansada de tener miedo.

Miro dentro de ti e intuyo claridad. No sabes como valoro esa luz tan clara.

Miro a través de ti y me gusta que compartamos idioma. Me encanta que nos respetemos los dialectos. 

Te miro y me enloquece lo que veo. 
Me vuelven loca tus energías y tus impetuosas ganas de comunicarme planes y proyectos que tienes en mente.

Cuando me miras tú, bajo la guardia y espanto a las dudas. 

No puedo escucharte sin mirarte porque me seduce ese binomio. 

Me seduces dentro y fuera de las sábanas, aunque no subestimo lo distinto que son los placeres en un plano y en otro. Sin duda, me conquistas en ambos.

Te gusta viajar y recorrer kilómetros. Te encanta volar y a mi me fascina que tengas alas.

Aunque esta noche detesto los 530 kilómetros que me separan de ti.


martes, 6 de enero de 2015

Día de Reyes


Odio cuando mi hermano me quita el asiento del copiloto y tengo que sentarme en la parte de atrás del coche.

Salgo por la puerta de casa y ahí está él, mirándome desde el cristal empañado con los mismos ojos de nuestra infancia diciéndome: “Te he quitado el sitio, ¡ja!”.



Cierro con fuerza la puerta trasera del coche y me quedo en silencio de mala gana, mientras ellos dos se burlan de mi mal humor. Entonces mi padre conoce bien la solución y, sin hablarme, empieza a poner canciones que me sabe que me encantan.



- Esto es with or without you de U2.


Claro, yo entro al trapo inmediatamente, como siempre:


- ¡Qué dices! Esto es wish you were her de Pink Floyd, papá!


De nuevo se ríen de mi. 

Y yo ahí atrás como una niña de cinco años con el ceño fruncido y los labios apretados con mis regalos de reyes al lado, de morros porque mi hermano me ha quitado el sitio del copiloto y mi padre me vacila con la música.



Luego suena “A kind of magic" de los Queen.

Le encanta sacarme de mis casillas y me empieza a contar lo maravillosa que fue la gira “Magic Tour” de los Queen y lo que disfrutó viendo a Freddie Mercury en directo. De ahí a lo que alucinó viendo a BB King, los Rolling, Bruce Springsteen, Pink Floyd, Mike Oldfield y así hasta que consigue lo que busca:



- ¡Papá qué te calles! ¡Oh he vivido la universidad de la transición!, ¡también la militancia en la clandestinidad corriendo delante de los grises! ¡Y por si no fuese suficiente he visto en directo a los grandes de la música!. ¡Paso de ti y de tus batallitas, Quirós!

Abro la ventanilla y me enciendo un cigarro sin ganas de fumar sólo porque "en el coche no se fuma".
A los treinta segundos se me ha pasado la pataleta y levanto la vista.


Y ahí está él, mirándome por el espejo retrovisor con los ojos achinados de la risa y la boca al lado que se le pone cuando le habla a la gente de mi y me dice:



- Yo también te quiero, Quirós.

Ya lo ha conseguido. 

Al final me ha hecho reír.

viernes, 2 de enero de 2015

Somos tan Serranas tú y yo...

Éramos tan jóvenes que todo nos nombraba:
versos de Benedetti, cada amante en su perjurio,
todo barco que encallaba en el banco de tu plaza,
Julie Delpy y Ethan Hawke borrachos junto al Danubio.
[...]
Eramos tan jóvenes que todo nos curaba:
los libros de Kundera, tus besos zapatistas,
el asiento de atrás, dormir sobre tu falda,
Marcos, subcomandante, cantándonos por Sabina.

Éramos tan jóvenes - Ismael Serrano


Una vez me dijiste que mi ayuda te sirvió de mucho en aquellos días grises y vacíos en los que te refugiaste en la carrera y aprobaste trece asignaturas. También me dijiste que quizás no habías estado a la altura en mi racha gris y fría.

El martes teníamos el plan de almorzar y tomar alguna copa tranquilamente. Y ya lo sabemos, nuestro binomio no entiende de planes. 

No queríamos copas de vino, quisimos la botella.
Hablamos del nuevo disco de Ismael Serrano, sólo nosotras podemos nombrar un verso aleatorio de cualquier canción y saber inmediatamente de qué canción se trata.

Con las copas de ron se nos echó la noche encima y decidimos irnos a un concierto de cantautores. He ido cientos de veces a La Sala a conciertos, jamás lo disfruté ni me reí tanto como el martes. Salimos de allí y nos fuimos a echar unas cervezas, siendo ya miércoles. Entramos en el Fun Club, aguantamos allí 10 minutos y nos largamos. Compramos una pizza a las dos de la mañana, nos la cenamos en mi casa y dormiste conmigo. Al despertarme ya te habías marchado, tan sigilosa y madrugadora como antaño.

Otra vez me dijiste "tenemos una noche para volver al pasado, ponernos al día del presente y brindar por el futuro".
Y así fue.

Contigo puedo ser yo, me quitas los fantasmas. Siento que no te sorprenderás te cuente lo que te cuente. Entiendes lo perdida y confundida que te sientes después de una ruptura. Viviste mi relación tan a mi lado que no necesito explicarte la hecatombe que han supuesto estos meses. Porque conoces de cerca el desastre en el que se puede convertir tu presente de la noche a la mañana.

Y dijiste que te da vergüenza decirlo porque te parece una tradición antigua. Te casas.
Mi reacción fue extraña, lo sé. Creía que era una broma y no porque te considere "de las que no se casan". 
La distancia y el tiempo, como siempre, han hecho que no pueda ver tus días de felicidad y encontrarte tan radiante y enamorada es impactante. Es maravilloso y no me cabe duda de que tu boda será diferente porque tú eres distinta a todas.

Con boda o sin boda, ¿de verdad hemos cambiado tanto? Sólo necesito recordar el martes para sentir como hemos conservado nuestra esencia.
Recuerdas esto:
"Porque dentro de unos días, volveremos a ser esas chicas que se comían el mundo, las que se "encerraban" en el Rectorado en las noches de huelgas estudiantiles, las que empalmaban asambleas y manifestaciones. Y nos emocionabamos en los conciertos. Y no había plan mejor que una botella de ron con Ismael de fondo."

Nos ha cambiado la vida pero hemos cuidado lo mejor de nosotras. Nuestra naturaleza más íntima que nos conectará siempre, pese a años y kilómetros. 

El 13 de febrero viviremos, al fin, un concierto de Ismael Serrano juntas. Y el trece es nuestro día, sea del mes y del año que sea.


viernes, 26 de diciembre de 2014

La vida es cambio

Cambiamos desde que nacemos y el único momento en el que dejamos de cambiar es cuando morimos. La muerte es estabilidad.
Y cuando en la vida no somos capaces de cambiar para mal o para bien, nos sentimos frustrados, como un poco muertos.


Últimamente pienso que hay que dejar a todo fluir naturalmente para que la vida nos traiga cosas nuevas. Cuando pienso en mi futuro, me gustaría no ser siempre la misma mujer, no quiero una vida de estabilidad absoluta con mi rival rutina de protagonista. Quiero llenar los días de cambios y descubrimientos en mí misma  y en los demás para que vivir me divierta, como divierten los juegos.


Vivir debiera ser una liberación constante. Me gusta pensar que viviendo así me aguardará el acercamiento a la libertad y la aceptación de mi misma en todos los sentidos. 
Más espontaneidad es lo que necesitamos todos, y más sinceridad también para despojarnos de lo que nos asfixia y paraliza.
Definitivamente hace falta sinceridad.
Sinceridad para que la vida nos pueda sorprender a cada paso. Esto del vivir no es una ciencia y una gran parte de la vida se basa en el azar, y si no seguimos a nuestro corazón significa que vamos contra él y nos sentiremos constantemente frustrados. Deshacerse de lo que nos ha generado tanta frustración requiere demasiado esfuerzo como para alimentar vivir con tal desenlace.
El amor siempre me ha parecido una especie de castigo, algo así como una condena inesperada y fortuita. La vida sin amor sería más sencilla, aunque infinitamente menos bonita. Me da rabia que el amor se active sin nuestro permiso, y nos llenemos de cómo, cuándo y por qués sin respuestas claras. Es imposible detenerlo porque no depende de nosotros. 
No es malo, es así, no tiene explicación. 

Lo difícil es aceptar esos sentimientos y entender que merecen un respeto, una aceptación y, aunque nos cueste entenderlo, dejar que fluya. Y al fluir será arrollador, podemos sentirlo asfixiante porque se nos mete dentro y nos cala hasta las entrañas. Nos dará miedo, nos daremos miedo frente al espejo.


El amor es una especie de destrucción porque nos consume y nos sentimos en pro de un único objetivo. Es también es una forma de crecer y aprender. Lo malo es el esfuerzo constante que supone tomar las riendas de estos nuevos ritmos, frenar el acelerador y pararnos a fumar en cualquier parque para, al fin, dejar de correr. El amor que yo quiero no son prisas sino fuego lento.
Hace unos días dio comienzo el invierno y hace un frío terrible.
Tengo tendencia a prender toda la leña que encuentre a mi paso en busca de un fuego potente, vivo y apasionado. Esos fuegos arrolladores que destrozan todo a su paso, exactamente esos son los fuegos que me provoco. 
Y estoy aceptando que quiero la lumbre del amor a fuego lento sin sobresaltos y sin rutina. Entender que esto último no es antagónico y que ya no quiero más competiciones me requiere un esfuerzo diario.
Tanta pasión mal enfocada, tantos miedos a no vivir cómo habías dicho que querías hacerlo. ¡Ay tanta cabezonería, Anita!
Voy aceptando que lo que haga no siempre gustará a los demás, puede no ser bien visto, bien evaluado e incluso criticado. Estas críticas pueden ser duras, desagradables o indiferentes, lo único que las hace diferentes es el emisor de las mismas. Acepto que la presión de las críticas me era insoportable.

Este año tan duro me ha cambiado el chip en ese sentido, con el tiempo he ido entendiendo que con quien pasaré el resto de mi vida será conmigo misma y es absurdo dejar que los demás interfieran negativamente en lo que a una le da vida y en lo que ha escogido con plena libertad. Consciente de la posibilidad de fracasar e independientemente de las opiniones de los demás, es necesario para encontrarme e irme convirtiendo en la persona que quiero ser y conseguir, en un futuro, aceptarme abiertamente, entenderme mejor y estar más orgullosa de lo que soy.

La vida es cambio y en una semana cambiamos de año.

Y algo me dice que todo irá bien, sobretodo que yo voy bien.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Mi régimen fluvial

A veces suceden cosas que suponen un punto de inflexión. 

Ha sido un domingo inhumano e injusto. Ojalá el reencuentro de tanta camaradería no se hubiese dado así; tu recuerdo siempre me sabrá a eternas asambleas estudiantiles. En mi memoria estarás con tu limpia sonrisa y la riñonera en esas maravillosas caderas que hacían ruido allá dónde fueses.

Llevaba semanas intentando hacer el típico balance de final de año y no puedo hacerlo porque este año no cabe en calendarios.

No puedo porque me empiezo a sentir bien y no necesito hacer balance de bandazos y excesos que habían embebido mi esencia. En diciembre cada amanecer me sabe distinto y voy recuperando mi innato poderío para enfrentar la vida. 
Es tétrico pero hoy he desembocado frente a los ojos de compañeros de mis mejores años, pese al desconsuelo que invadía nuestras miradas, me ha reconfortado verme a través de vosotros. Sentirme reflejada en la idea que sé que tenéis de mi, percibir que puedo abrazar fuerte a las personas porque me siento en casa, presagiar que me olvidé de ser cariñosa. 

Siempre he sido zalamera y expresiva pero cuando el sentimiento me nace sin tener que reprimir. Me asfixia intensamente reprimirme y me he contenido y cohibido por encima de mis posibilidades.

Y el penúltimo domingo del año, la vida da este inmerecido revés. 

Emocionalmente no viviré con más paliativos, no avivaré más teatros ni asimetrías. No pienso seguir condenándome a no fluir porque necesito que la pasión se me filtre en la piel. Mi cauce natural es mucho más enérgico y este pavor a desbordarme sólo me mantiene con la permanente activación del protocolo para prevenir eventuales desbordamientos. Me he impuesto el estiaje como norma y el estiaje siempre es temporal. Necesito dejarme llover y que mi caudal fluya espontáneamente.

Y...

"La vida no es significado, la vida es deseo." 
C.Chaplin





sábado, 13 de diciembre de 2014

El mundo


            Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo. A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos. 
El mundo es eso -reveló- Un montón de gente, un mar de fueguitos. Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. 
Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.

Galeano

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Atajos con trampa

El año pasado celebré contigo aquel cuatro de diciembre.
Con ese pasodoble de Los Piratas que tanto me gusta:

"Cómo se puede olvidar veinte años de libertad. Libres, libres para siempre. ¡Qué bonita navidad de aquel 4 de diciembre!"

Y pese a que dejé de recordarte hace algún tiempo, me pone nerviosa tu regreso.

Sin darme cuenta he empezado a atajar por calle Regina para ir al centro.

Y calle Regina no es un atajo. Nunca fue un atajo.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Melomanía melancólica

Música. Melancólico alimento para los que vivimos de amor.” 

Julio Cortázar



Y en esas andamos. Llevo casi dos días escuchando música que me destroza pero no tengo fuerzas para más.
En dos días el odio y la ira se esfumaron. Me permití recordar todos los momentos buenos, toda nuestra felicidad juntos. Creía haberme librado de ellos pero no. Un simple "Me marcho de Sevilla"  y como imágenes empezaron a pasarme por los ojos toda esa secuencia de momentos felices que creí olvidar.

Nos despedimos y fue maravilloso. Entendí porque me marche de tu lado. 
No me ves. Antes pensaba que no me escuchabas, ahora sé que no consigues verme. 

Me tocó el papel de siempre: ser fuerte, racional y serena.

No podía cojear ni una milésima de segundo. 
Después de tanto tiempo estabas asustado al tenerme enfrente. Cuando viste que no estaba por morder ni atacar, te confundiste, Esa confusión te llevó a un sutil acercamiento temeroso que intenté gestionar lo mejor posible.

Tu confusión en aumento. Tus ojos me lo decían, cualquier excusa de mi boca te hubiese servido para quedarte. Siempre supe que te quedaste en Sevilla a esperar mi regreso.
Y yo al tenerte enfrente sólo podía sentir lo bueno que eres y lo que te quiero. Sin tener la más mínima duda de que nada por dentro me remueves. Nada.

Después de un año, tres meses y tres semanas esperé encontrarme otra persona, mis intenciones eran decirte que eres maravilloso pero no pude.  Cualquier cesión te hubiese servido.

Fin de la despedida.
Me alegro de haberlo hecho porque siento que te he cerrado y que sabes que irte y olvidarme es la única opción.

Y no puedo mostrártelo ni reconocértelo pero llevo dos días sin parar de escuchar nuestra música.
Esa música me da calor y tengo mucho frío. 
Y al sumergirme en esa música siento que me han dado la cara muchas cosas estos días y tú has sido solo la gota.


En momentos como este: la música es la droga más dura.



Siguiente canción...

jueves, 20 de noviembre de 2014

Siempre Neruda...

Juegas todos los días con la luz del universo. 
Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua. 
Eres más que esta blanca cabecita que aprieto 
como un racimo entre mis manos cada día. 
A nadie te pareces desde que yo te amo. 
Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas. 
¿Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las estrellas del sur? 
Ah déjame recordarte como eras entonces cuando aún no existías. 
De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada. 
El cielo es una red cuajada de peces sombríos. 
Aquí vienen a dar todos los vientos, todos. 
Se desviste la lluvia. 
Pasan huyendo los pájaros. 
El viento. El viento. 
Yo solo puedo luchar contra la fuerza de los hombres. 
El temporal arremolina hojas oscuras 
y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo. 
Tú estás aquí. Ah tú no huyes 
Tú me responderás hasta el último grito. 
Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo. 
Sin embargo alguna vez corrió una sombra extraña por tus ojos. 
Ahora, ahora también, pequeña, me traes madreselvas, 
y tienes hasta los senos perfumados. 
Mientras el viento triste galopa matando mariposas 
yo te amo, y mi alegría muerde tu boca de ciruela. 
Cuanto te habrá dolido acostumbrarte a mí, 
a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan. 
Hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los ojos 
y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos girantes. 
Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote. 
Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado. 
Hasta te creo dueña del universo. 
Te traeré de las montañas flores alegres, copihues, 
avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos. 
Quiero hacer contigo 
lo que la primavera hace con los cerezos

viernes, 7 de noviembre de 2014

La bobería del maridaje

En fin,
Tener miedo y estar vivo
A menudo es parecido.
Así que,
¿cómo no temerte a ti? 

Pequeña bachata mediterránea - Ismael Serrano

Hay elementos que armoniosamente se mezclan al disfrutar de platos y vinos. Encajan a la perfección en nuestro paladar.
Esa combinación perfecta que tiene que despertar las más placenteras sensaciones.

Muchos de mis años fueron de gran reserva, sin embargo nada me decían todos aquellos quesos manchegos y carnes de caza. Al decidir romper con esa tipología vinícola también desterré esos platos. Se los prohibí a mi paladar para siempre.

Decidí ser un vino blanco, lo que me condujo a sabores nuevos. Sabores placenteros que me estimulaban y excitaban: pescado y marisco a toneladas. Todo sabía a mar y me lo tatué en una botella. Libertad a raudales

Y el paladar se acomodó. Empecé a echar de menos elementos de aquellos días de gran reserva y me comenzaron a sobrar ingredientes cotidianos de ser vino blanco.

¿Qué es la bobería esa del maridaje?
¿Quién decide por qué armonizan vino y plato?
¿Quién prohíbe degustar lo que nos apetezca aunque las leyes parezcan indicar que no armoniza?, ¿Quién decide qué es armonía?.

Si no armoniza basta con poner por medio un trago de agua e ir apreciando los sabores sin que se obstruyan entre sí. 
Estos días soy un vino que se niega a coligarse a ningún alimento.


Y lo más importante de todo es que veo lo negativo de parcelar la vida y los sabores. Quiero contaminarme porque al hacerlo abandonas las restricciones y, por ende, dejas de añorar aquellos aromas balsámicos y claro, también es arriesgarse a empachos e intoxicaciones de las que nos sobrepondremos.

Existen alimentos con rostro que armonizan conmigo me vuelva orujo, chacolí o vino dulce de Málaga. No niego mi resistencia a sentirme encandilada por su sabor pero me es imposible desafiar tal placer sensorial.