domingo, 18 de mayo de 2014

Planteamiento, nudo y desenlace

Reconozco que ando un poco bloqueada para sentarme a escribir últimamente.

Me siento como en una trama. La trama busca conexiones causadas entre los distintos elementos de la narración, en una trama hay planteamiento, nudo y desenlace y estos elementos están tan profundamente conectados que la eliminación de uno de ellos lo deformaría todo.

En la trama el planteamiento siempre comienza con un problema o una discrepancia que complica la historia y a mi de eso me sobra. Tengo una falta total de objetividad así que, ¿comenzamos planteando el inicio en la ruptura? y de ser así...¿en qué ruptura?, ¿la emocional con mi pareja de 7 años?, ¿la política con mi militancia?, ¿la familiar?. Supongo que un poco de todas así que iniciaríamos el planteamiento, que me hace estar hoy aquí, el verano pasado. 

Hace 10 meses exactamente de la explosión pseudoatómica. Cronológicamente podría parecerme un tiempo prudencial para comenzar a plantearme el nudo, ese nudo como acción transformadora de la historia. El plantear un nudo es transformar la acción problemática que motivó la trama, y yo no consigo identificar objetivos. 

Es decir, me siento tan mutable que ni siquiera identifico en mi historia a los personajes principales, a los secundarios y a los incidentales. Hace dos meses estos últimos aparecían en momentos específicos, por ejemplo para los momentos lúdicos de cervezas y banquitos alamederos. Y pasados dos meses te das cuenta de que algún personaje incidental se ha terminado convirtiendo en un personaje clave. La aparición fugaz de una sola persona, a veces, puede producir cambios que se calan en los huesos. Lo incidental pasa a principal y, del mismo modo, hay personajes principales que pasan a ser secundarios o en vías de desaparición por inanición.

Mi vida parece un bar. No para de entrar y de salir gente, realmente siempre me he rodeado de mucha gente pero ahora he cambiado yo. He dejado de aferrarme a las personas como solía hacerlo, he dejado de asumir los problemas de la gente con la que me encariño como parte de mis preocupaciones. Ahora disfruto más y pienso menos, me siento menos sola porque me juzgo menos y me perdono más.

Y ahora sé que mi trama no tendrá un desenlace y no lo espero. No existe esa acción transformadora que lo cambia todo y conduce al punto culminante de la historia. Existen muchas acciones transformadoras que me cambian a mi, soy yo quien dirige la historia y los cambios no alteran la historia de manera idealista sino que me van transformando.

No me cuestiono en exceso el por qué me pasan cosas que no consigo valorar sí me hacen bien o todo lo contrario. Anoche me divertí con una amiga que conozco hace años y con la que nunca había hablado, en dos semanas hemos cenado una vez, tomado cervezas dos y bebernos todo lo bebible y disfrutar como hacia tiempo, anoche. Mi compañera de piso desde hace tres meses se esta convirtiendo en alguien muy importante para mi, hablamos mucho y me gusta la comunicación con ella. Hay pequeñas personas que me hacen mucho bien y ahora me esfuerzo en buscar momentos para disfrutar de ellas y acepto que la veteranía de la gente importante en mi vida no es incuestionable y la cuestiono.

Ese cuestionamiento hace a lo incentivo principal.

Ahora en mi trama me siento directora y guionista. Ya no me siento un títere en deuda con el mundo y ya no actúo con la gente de un modo que es más mecánico que humano.

Ahora tengo una historia por vivir. 
Mi historia.

miércoles, 30 de abril de 2014

Y yo no hacía estas cosas...

Yo no hacía estas cosas.
Yo no llegaba a casa y me hacía un porro. Yo no fumaba porros.

Yo solía tener mi mañana planificado, no apuraba en exceso las horas porque cada minuto era algo más de retraso que me repercutiría en el resto de las horas de cada día. Días que pesaban tanto...

Yo no me metía en la cama con esta necesidad física de ayuntarme a otro cuerpo. No me inquietaba el sexo, mi cuerpo nunca me lo pidió de este modo.

Yo tenía listas. Siempre había raciocinio en mis decisiones y prioridades, nada se escapaba a lo planificado, a lo rentable y a lo beneficioso para mi salud mental. Yo tenía salud mental.

Yo tenía una conciencia que pesaba pero equilibraba. Equilibraba los riesgos y me mantenía a salvo.

Yo nunca me podría erizar sino me ofreces nada, sino eres rentable y no me ofreces nada palpable.



Y yo no sé cómo pero ahora hago estas cosas.

Ahora llego a casa y me hago un porro. Ahora fumo porros y me sientan espléndidos.


Mañana no tengo nada que hacer y apenas me preocupa el tic-tac, sólo sé que AEMET afirma que tendremos sol y quiero tomar café en la azotea. Mañana quiero sol.

La cama despierta mi necesidad física y me turba. Sin infravalorarlo, el sexo se ha convertido en una especie de paliativo, ha perdido la piel y me hace sentir placer egoísta. Las miradas no dan calor ni frío por lo que puedo follar mirando a los ojos y, obvio, se conecta más.

Las listas van perdiendo valor y no hay orden de prioridades. Hay cambios por todos lados, todo es mutable y eventual y, a veces, me satura. Tengo más salud mental que nunca.

Siento el riesgo pisándome los talones y freno la velocidad. Paro el ritmo porque el riesgo es adictivo y da vida. Ahora quiero vivir sintiendo que vivo.

Y ahora me inquieta sentir que me ofreces sentir sin raciocinio. Me acongoja que no seas rentable ni palpable y, sin embargo me transmitas tanto. Es duro resistir esta estimulación incongruente cuando yo solía priorizar “la gestión de las emociones antes de sentirlas” como prefacio en mi vida. Contigo no puedo gestionar porque no sé por qué pero tú me desbordas.

Putas causalidades de la vida.

Y ahora no controlo la causa, el principio y origen.

Estoy carente de identidad y me encanta que la página este en blanco. 

martes, 15 de abril de 2014

Primero de mayo

A veces no consigo encontrar el por qué y eso siempre me frustra.

Esa obsesión por racionalizar, entender, hacer listas de pros y contras, de beneficios y riesgos, de miedos y valentías...

Estoy enamorada de Sevilla esta primavera, tengo las emociones a flor de piel y claro, tanta flor de azahar en el ambiente se me impregna en el cuerpo y desprendo bastante felicidad.
Sonrío más en una semana que en los últimos cinco años, me quedo embobada mirando balcones maravillosos de calles empedradas, me sorprende cruzar el Guadalquivir y tener que pararme a fumar un cigarro porque la luz del atardecer de esta ciudad en abril es mágica.

La noche del domingo bebí muchas cervezas y demasiados mojitos, tengo que dejar el alcohol azucarado porque me vuelve aún más loca. Estuve muy agusto tanto por la compañía como por el olor a dama de noche que tiene siempre el bulebar en primavera.

Me sentí cómoda y dejé en casa el raciocinio y la libreta de hacer listas de contras y pros, de riesgos y beneficios, de miedos y valentías.

Me tiré a la piscina y confié en ella porque se lo ha ganado y si hay algo que me ha demostrado en los últimos meses es que tiene una virtud que valoro enormemente en la amistad: la discreción.
Además de muchas otras cosas maravillosas que tiene para aportarle al mundo, lo que pasa es que ella aún no lo sabe. Ella aún no sabe verse con los ojos que la vemos los demás.
No tengo duda alguna de que esta en el camino de superar muchas secuelas que le ha podido dejar querer vivir demasiado deprisa sin pararse a pensar demasiado, por eso ahora tiene esa necesidad de pensar en ella. Está bien que lo haga, es el momento de pensar en una misma y tener lo mejor de ti para ofrecer al mundo. Creo que eso es precisamente lo que nos ha unido de esta manera tan acelerada, desde la lógica más formal. Nos estamos mostrando lo que nos apetece la una a la otra sin juicios morales ni prisas; con ella los ritmos se marcan solos y me encanta que forme parte de mi vida como lo hace.
.

Me da vértigo que llegue el primero de mayo.

Confesé que esta historia de revolcones a las 6 de la mañana, de ser yo tu quinto porro y tú mi décima cerveza, esta historia de tensiones absurdas y distancia de seguridad ha sido más importante para mi de lo que nadie del entorno llegaba a imaginar, y es que claro, cuando me propongo disimular lo que siento sé que consigo hacerlo bastante bien.

El primero de mayo te marchas de este país que no nos permite vivir, te marchas a ser feliz y disfrutar del amor. 

Y yo el primero de mayo no perderé nada, ya sabéis no se puede peder lo que nunca fue tuyo. 

Simplemente a partir de ese día ya no te miraré a escondidas, ni sentiré como me seduce tu sonrisa, ni esperaré que aparezcas repentinamente a las 2 de la madrugada cuando creía que no ibas a salir, ni te encontraré los jueves por el Múnich y los viernes en el Kafka, daré por perdidos los pendientes que olvidé en tu casa y asumiré que la conversación pendiente nunca llegará.

Será absurdo pero te voy a echar de menos.


miércoles, 2 de abril de 2014

Rompiendo la norma

Al volver al "mercado" comienzas a cogerle el gustillo a las historias de una noche. Historias vacías que siguen los mismos cauces, llegas a ellas a través de las mismas conversaciones y actitudes. Repetición cronometrada de palabras, cervezas y copas de ron.

Creo que los hombres tienen algo de miedo a tratarnos con cariño en esas situaciones, es como si el tópico de mujeres hormonales y sentimentales les hiciera temer que te enganches y obsesiones con ellos por un polvo, un polvo descompasado y sin preocuparnos del placer ajeno. Nosotras percibimos esa frialdad y te mantienes aún más fría y lejana que él, como si el situarnos desnudas ante un hombre que nos trasmite eso no nos hiciese sentir damnificadas.

Esas situaciones te llevan a las despedidas más disparatadas. Te vistes y dices: ¡nos vemos pronto por los bares! (¿qué bares?, nos vemos, ¿y qué?) y sales lo más rápido que puedes, haciendo el mínimo ruido intentando que esa situación, en la que no sabes cómo te has metido, sea lo menos trascendente posible. A veces intentas ser más cercana y después de vestirte das dos besos, y te sientes absurda porque hace diez minutos estábamos demorándonos la boca. Y sales corriendo.

Las mujeres no somos tan frías y los hombres aún menos pero nos esforzamos terriblemente en hacernos sentir irrelevantes, en hacer ver que esas situaciones son cotidianas para uno mismo e intentamos no decir nada que haga significativas ese par de horas.

Situaciones tan retroactivas que despiertan nuestros instintos más básicos y sabes que juegas a ese juego por necesidad física. Pero no siempre es posible hacer que prevalezca esa necesidad sin sentir un vacío en el alma que te hace estar de mala hostia durante unos días.

Y de repente se rompe el patrón. 

Tú eres una cobarde que nunca va a ser cariñosa con un hombre que pone esa barrera pero sin esperarlo alguien rompe el reglamento.

No esperas que vaya a pasar nada con esa persona porque la conversación no tiene apenas carga sexual, o no tiene la carga sexual incuestionable habitualmente utilizada. Y sucede todo de manera distinta: los besos son más lentos, las caricias sosegadas, no percibes esa apatía en el placer ajeno, os miráis a los ojos sin que intentes esquivar la mirada  y claro, encuentras satisfacción en ese encuentro fortuito.

Estás tan confundida que te haces la dormida como si la narcosis más potente se hubiese apoderado de ti. Sale de tu cama y te da un beso en la frente que te deja aún más desorientada por lo que solo puedes fingir estar inmersa en el sueño más anestésico de la historia, evidenciando que no te has percatado de nada.

Esa noche te deja de buen humor los siguientes días. Se ha roto el patrón.

Y el domingo te llega un mensaje al facebook:

"Hola melómana que...estabas tan profundamente dormida...pues no pude decirte que gracias por la acogida..."

No sabes ni que contestar así que eres lo más neutra posible y respondes con unos cuantos chistes malos para terminar con "un placer también la noche y con la melomanía nos veremos seguro por los bares".

Y claro, recibes contestación: "Por los bares nos vemos (con más facilidad espero que encontrarte por facebook)".

Entonces te das cuenta. 

Soy yo la que está fomentando la irrelevancia en mis relaciones con los hombres en los últimos meses, soy yo la que se resigna a pasar página tras dos horas poniendo lavadoras a cincuenta grados y mil revoluciones de centrifugado. Lo hago sea cual sea el interés que me haya despertado esa persona y actúo simplificando la motivación a lo sexual, poniendo barreras a todo lo humano que haya en mí. 

Y se agradece que llegue alguien y rompa la norma, que alguien demuestre que recuerda haber pasado la noche contigo y evidencia no olvidar lo que sucedió, a pesar de tus intentos para que al cruzar la puerta todo se hubiera evaporado.

jueves, 27 de marzo de 2014

Yo he probado las prisas

Yo he probado las prisas

Ya he probado las prisas
el sexo exprés y los amores precipitados
la abolición de los preliminares 
los ombligos pasajeros
los te quiero a primera vista
los cuerpos fugaces
las bodas en las Vegas
las cremalleras atropelladas.
Me enamoré de desconocidas 
y las quise a contrarreloj.

Ya no quiero eso.
Necesito un amor a fuego lento.


("La triste historia de tu cuerpo sobre el mío" - Marwan)

miércoles, 26 de marzo de 2014

Imperfecta


Lo asumo: me declaro la perfecta imperfecta.

Soy imperfecta y no puedo evitarlo. Cambio mil veces al día de opinión y de objetivos. A pesar de haber estudiado historia, la geografía se me resiste y odio que me pregunten algo que debería saber porque no lo sé. Me gusta tenerlo todo bajo control y me declaro intransigente en las cosas más tontas y absurdas. Me obsesiona la vulnerabilidad,  me angustia sentirme frágil ante personas que no conozco y que me gustan. Me resisto a dejarme llevar por mis instintos.
Soy tan imperfecta que cuando algo me molesta soy incapaz de controlar que mi cara y mis ojos nerviosos no lo comuniquen de alguna forma, así que tengo que terminar hablándolo (e incluso gritándolo). No sé controlarme cuando siento algo, me vuelvo obsesiva y jamás consigo desconectar. Tengo que personalizarlo todo, dibujo nuestros nombres en el lugar donde colocamos los cepillos de dientes porque necesito calor en esta casa. Soy imperfecta porque exijo calor a todo, es una necesidad. Necesito el calor de mi familia, necesito sentir que mis amigos están ahí para mí, necesito los pequeños gestos de la gente a la que quiero. Todo eso me da fuerzas para caminar. 

Soy tan imperfecta que necesito el calor de tantas cosas para continuar: necesito leer de vez en cuando a Galeano y sentir que “Las venas abiertas de América Latina” sigue encogiéndome el alma, necesito ver una película de Aristarain y tener que pausar y repetir diez veces el diálogo de “Roma” en el que Joaco le pregunta a su padre “¿Para qué sirven los ríos?”, necesito escuchar a Silvio y ver como “la maza” me pone la piel de gallina cuando al final dice:


“Si no creyera quién me escucha
si no creyera en lo que duele
si no creyera en lo que queda
si no creyera en lo que lucha
Que cosa fuera..."

Necesito volver a mis raíces escuchando Ismael Serrano y que "Papá cuéntame otra vez" tenga la cara y las manos de mi padre, saber que esa canción será él eternamente. Necesito la eternidad de la música y que extremoduro me haga evadirme, me haga simplificar la vida y me de ese amor-odio que tan bien me sienta. 

Soy tan imperfecta que me resigné durante demasiado tiempo a una vida que no quería y supe de la sensación de reprimir a la felicidad día tras día. Algunas veces soy testaruda y egoísta, no acepto el que las cosas no puedan ser sí yo quiero que sean. Las lucho todo lo que puedo, aunque a veces lo haga desde la retaguardia para que no me salpiquen demasiado. Me da pánico el "no". Odio el tiempo, me cuesta tanto alejarme del pasado y aceptar que simplemente es lo que fue y nunca más será. Me duele desprenderme de entradas de cine, fotos, objetos absurdos o servilletas de papel con fechas y nombres de ciudades. Ese apego al pasado, en ocasiones, me paraliza. Tengo miedo a lo desconocido. 

Consigo llegar a tal nivel de imperfección que la misma sensación que me produce pensar en el pasado me la produce, multiplicada por veinte, pensar en el futuro. Vivo constantemente pensando que las decisiones que tomo en el presente tendrán repercusión en mi futuro. Sin embargo, de repente, cambio de opinión y me pregunto: ¿qué futuro?. El futuro no existe, el pasado dejó de existir porque ese tic-tac no puede pararse y lo único que tenemos para ser felices es el presente. Si no fuese tan imperfecta y el desorden mental no me acompañase perennemente sacaría más provecho al presente.

Amo la imperfección. La imperfección nos hace equivocarnos, hacer daño y dañarnos, nos hace aprender, rectificar y pedir perdón. La imperfección nos hace amar lo que nos ha hecho caer y volver a lanzarnos para ver si la caída duele menos la segunda vez. Aprendemos, gracias a esa imperfección, a caer de pie.

Amo las personas imperfectas: me encanta que las noches se nos vayan de las manos y decir "mañana no salgo", me gusta ser testigo de la vida de mi gente y tener el derecho de advertirles si siento que se están equivocando y amo ese deber de estar ahí cuando todo se derrumbe, porque son parte de mi. Son ese calor imperfecto que me mantiene no sólo viva, sino con ganas de seguir viviendo y que cada día cuente. Amo quienes se salieron del camino marcado y tuvieron el valor de defender aquello en lo que creen, fuesen cuales fuesen las consecuencias. Amo a las personas libres, sin prejuicios y que demuestran que aman. Amo a la gente que ama las cosas más cotidianas: la buena comida, una cerveza con buena gente en cualquier bar de la alameda, un cigarrito a orillas del río, una mirada cómplice que desemboca en carcajada, una borrachera y todas las exaltaciones de amor que trae consigo, una manifestación en la que hay más gente de la que esperabas y te invade la esperanza, la ilusión y las ganas de cambiar el mundo.

La vida es tan imperfecta que el presente no es como ninguno lo habíamos imaginado.

La imperfección es maravillosa.



domingo, 23 de marzo de 2014

Lista II

Cosas que me hacen feliz:

- Mi nuevo hogar. Sentir esta casa cada vez más como mi sitio.
- Los ratos con mi madre, disfrutar del amor, el cariño y la comprensión que desprende hacía mi por cada poro de su piel con pequitas.
- Saber que soy valiente.
- Ver lo que me puede hacer feliz el éxito de la movilización social de hoy 22 de marzo en mi país. Saber que esta clase trabajadora, mi clase, tiene la fuerza de reventar las calles de Madrid.
- Disfrutar de una canción. Sentir la música como la siento.

Cosas que odio:

- Ser tan protectora con la gente que quiero. Aún más sabiendo en lo que desembocan esas relaciones personales, en dependencia de la dependencia. 
- Que me condicione tanto mi reflejo en un espejo.
- No serme sincera en algunas ocasiones, en demasiadas tal vez. Esa racionalidad deshonesta me ha traído algún que otro bache en los últimos meses.
- La gente egocéntrica. La buena gente que se sentencia con ese defecto que detesto.
- Estar escribiendo este mensaje con reggae de fondo.
- Mi racionalidad. Esos análisis de los riesgos de vivir.
- Bloquearme cuando coincido contigo. Este miedo a conocerte porque sé que no puede ser.
- Que no pueda ser.


viernes, 21 de marzo de 2014

Azahar

Pongamos que te pongo y tu me pones
el derroche entre las manos.
Pongamos que él te llama y no lo coges,
y se nos juntan los labios.

Pensándote después de un polvo en cualquier baño...
Y buscando no encontrarte perdido en otros brazos.

Andrés Suárez




La primavera ha llegado fuerte.
Y yo también.

Los grandes placeres cotidianos que te da esta ciudad son esos colocones de azahar al pasear por sus calles de adoquines desgastados. Y yo busco colocarme, de azahar o lo que surja, cada día y, sobre todo, cada noche.


domingo, 16 de marzo de 2014

Domingos de desinfección urgente

Este sol pre primaveral ayuda a traer aire fresco a mi dormitorio.

Me despierto y pongo a lavar ropa, sábanas y cortinas. Aromas que por la noche pueden resultar atrayentes pero por la mañana se me vuelven cargantes e irritantes, esos olores de personas sin nombre que van pasando por esta cama de metro y medio.

Y pongo lavadoras a cincuenta grados y mil revoluciones de centrifugado para que no quede rastro de estas noches. Recojo las sábanas y me complace que los restos de esta indigencia física hayan desaparecido. No queda rastro ni en las sábanas ni en mi. Reseteo mi habitación y mi cuerpo.

Y cuando, más tarde que pronto, me tomo el café después del ritual de asepsia me pregunto:

-¿este nuevo protocolo de domingo sería tan urgente si tuviera que eliminar tu rastro y no el de otros sin nombre?

Seguramente no. 
Seguramente querría invitarte a café y a tostadas, y pedirte que te quedaras a fumar como en la canción "vestida de domingo".


jueves, 13 de marzo de 2014

Terminamos y en paz.

No me supone ningún esfuerzo no recordarte demasiado. Desde que te fuiste o me fui, eso qué más da, todo ha mejorado y yo soy mucho más feliz.

Me alegro tanto de que hayas dejado de vivir a mi sombra, intentando constantemente dar la talla para lo que suponías que yo esperaba de ti y dejándote la piel en seguir los ritmos disparatados que, impetuosamente, yo iba marcando. 

Llegaste a estas calles abandonando tu tierra por un amor que te inundó por completo, vivías esta ciudad a través de mis ojos. Ahora estás descubriendo esta maravillosa tierra sureña por tus ojos tristes con ese antojo ocular que te recordaba a Arnau.

Eso me ayuda a sentir que el final que puse entre nosotros es el mayor favor que podía hacerte llegados a la miseria en la que nos convertimos. 

No regreses jamás.




miércoles, 12 de marzo de 2014

Te doy media noche

Es jodido que objetivamente seas un desconocido con el que apenas he cruzado muchas miradas y poca conversación. Un extraño con el que he compartido besos y cama muchas menos veces de las que hubiese deseado.

El recuerdo de tu sonrisa me eclipsa y me camela. Tengo grabado a fuego el recuerdo de parar de besarte un segundo, ver tu sonrisa, derretirme y volver a arrojarme a tu boca.

Permitamos hoy que mi cabeza onírica divague cuanto quiera y se líe y líe, pero, por hoy, no reprimamos el absurdo recuerdo que se me viene a la cabeza al escuchar la frase de una canción: "si supieras lo que te miro a escondidas".

¡Ni por asomo podrías imaginar que te recuerdo tanto, de esta forma y...tanto!

Culpemos a la revolución hormonal, que las mujeres sufrimos cada mes, de este arrebato sentimental que se ha visto incrementado por esta música que, a veces, me hace volar demasiado.

¡Bah! menos mal que en un par de día los síndromes menstruales habrán cesado y esta sensiblería absurda se habrá ido al carajo.


domingo, 9 de marzo de 2014

Con un latido de reloj.

No suelo ser muy refranera, ni me gusta demasiado hablar del karma o volverme excesivamente mística en mis análisis. Intento evitar caer en esos errores porque tergiversan demasiado la realidad objetiva que se nos presenta pero últimamente hay una frase, de esas populares usadas casi a diario, que me alivia: EL TIEMPO LO PONE TODO EN SU SITIO.

No la interpreto como el tiempo sin que la acción humana tenga nada que hacer frente a lo que nos "depara" el futuro sino todo lo contrario. Realizar las acciones y disfrutar las personas y cosas que te hacen feliz sin la impaciencia temporal de querer ver  resultados inmediatos de todas las dinámicas que estamos trabajando por cambiar. Sólo con el tiempo un día nos levantamos y nos sorprendemos al observar que no estás afectada ni preocupada por algo que, antes, te habría reventado la cabeza e inundado de malestar.

En estos días estoy más calmada...más contenta. Por fin se solucionaron algunas historias de una independencia empezada con bastante mal pie pero bueno...nadie dijo que los comienzos fueran fáciles.

También en estos días he cambiado Clapton por Extremoduro. 
Volviendo a las raíces.

Con un latido de reloj - Deltoya 1992

Ya sé qué quieres, ya sé qué intentas,
tenerme todo el día metido en tu despensa.
Dime: ¿Quién eres?, ¿Qué te atormenta?
Te doy todo mi esperma y no sé si te alimenta.

Salgo de casa, muy despacito
y por las noches me vuelvo loco;
doy media vuelta y no necesito
estar tan cerca de ti.

Me quedé sentado en la parte de atrás
medio desquiciado, me hiciste entrar
y me quedo en el pasillo.

Hay gato encerrado en tu forma de hablar
algo nos estorba y yo quiero saber quién es
¡Quién es!, ¡quién es!, ¡quién es!.

Abro la puerta y soy yo también quien entra
Me gustaría poder salir fuera de mí.
Hago preguntas que nadie me contesta
y a media noche mi corazón empieza a latir
Tic-tac, tic.tac, tic-tac,

Nos tocamos con cuidado, 
nos hicimos esperar.
Sin saber qué hacer, 
no hace falta hablar.

Nos cogimos de la mano, 
nos echamos a volar,
y a la vez reír,
y a la vez llorar.

Me siento tan cansado, suena el timbre el otra vez.
Cuando estás a mi lado, no quiero saber quién es.
Desconectado, y no sé por qué y tampoco entiendo
que ya no sales en mis sueños.

Como un reloj, te tengo en la cabeza a todas horas.
Compréndelo, que tenga miedo a estar contigo a solas.
Te alejaste demasiado, nos dejamos de mirar,
y a la vez reír, y a la vez llorar
y cada uno por su lado, nos echamos a volar
y a la vez reír, y a la vez llorar.



martes, 25 de febrero de 2014

Clapton II

03:38 de la madrugada.

Desde los balcones de mi salón se ve la muralla y esas farolas de luz anaranjada que dan a Sevilla ese aire anacrónico. El humo de un cigarro y los primeros acordes de "Tears in heaven". 

Intento sacar conclusiones de por qué coño me siento así. Intento definir ese "así".

¿Cómo me siento?

Le doy vueltas y más vueltas. Lo maquillo diariamente: hay días en los que creo que tiene importancia para mi una persona, luego otra, y al mes siguiente reaparece la primera y siento que el karma la trajo de nuevo por qué tiene algo que aportarme. Toda esa mierda es mentira. Me sirve de placebo, me proporciona una evasión en este proceso que, a veces, no quiero afrontar. Me cuesta la vida asumir que estoy sola.

Desde pequeña he sido muy madrera, con ella comparto una relación que va más allá de lo convencional. Ella siempre ha aliviado mi sensación de soledad, desde adolescente; además lo ha hecho como sólo lo puede hacer una madre, aceptando su papel de madre sin sentirse desplazada cuando mejoraba mi situación, la necesitaba menos, y me alejaba mas. No ha permitido nunca que me fuera a dormir con el gesto serio y de preocupación, siempre supo sacar de la nada un ambiente que me relajase en la cocina de casa para invitarme a un cigarro, que me tranquilizase y que soltara toda la mierda que me pasaba por la cabeza.

Además contaba con amistades bastante insanas y dependientes. Mi compañera de carrera...me resulta impactante llamarla así, nunca imaginé que podía pensar en ella con esta frialdad e indiferencia. Siguiendo el hilo...mi compañera de carrera me exprimió, se apoyó en mi unilateralmente pero claro, la dependencia crea dependencia. A mi me hacía sentir bien saber que alguien me necesitaba. Ser una necesidad para alguien.

Paralelamente desde los 18 años fui protagonista de una relación de pareja que seguía los mismos cauces de dependencia y necesidad insalubres y nocivos. Siempre me sentí frustrada en esa relación, nunca estuve enamorada de él. Desde el primer día sentí que me estaba equivocando, que me estaba embarcando en historias que no me iban a hacer feliz porque no sentía lo que debía, quería y necesitaba sentir. Me da algo de envidia cuando escucho a amigos hablar de relaciones que tuvieron, que acabaron mejor o peor pero se les nota que fueron felices con ese pasado. Esa relación me agotó pero tardé tanto en ser capaz de ponerle punto y final sin más tipex  ni borrones. Durante esos años también fui una prioridad para él, la persona en la que diariamente te apoyas, aunque sea un apoyo rutinario y vacío.

Me he incorporado para hacerme otro cigarro y me ha entrado un escalofrío bastante tétrico. Creo que he evitado durante todos estos meses hacer estos análisis porque siento que salgo bastante malparada de ellos. 

Me esta siendo muy duro estar sola. 
Este proyecto de independizarme, alejarme de mi HOGAR por necesidad innata de comenzar algo. No sé qué es ese algo: un capitulo primero, un apéndice o un "erase una vez" pero un principio. Este es mi principio cargado de sorpresas inesperadas.

La primera sorpresa ha sido que parte de mi seguridad y convicción para ponerlo en marcha venían estimuladas porque no lo hacía sola, lo hacía con mi amiga. Planteamiento erróneo desde el comienzo por esa manía o, porque no admitirlo, necesidad de sentirme a salvo. Un riesgo amortiguado.

Y la independencia comenzó como no lo esperaba. Mi amiga se esta enamorando y esta en esa nube en la somos semiconscientes de lo que pasa a nuestro alrededor, en la que no sabemos por qué pero no tenemos interés ni anhelo por algo más que no sea esa nube. Desde luego desde la tierra se la ve feliz y se lo merece, se lo merece inmensamente. 

Yo sigo aquí en la tierra sin encontrar mucho incentivo en nada, me falta impulso. Me reconforta saber que estos días, estos meses pasados y futuros me están haciendo muy fuerte. Fuerte pero no feliz también he de reconocerlo. Iba a juzgar que no me parece sano que mi felicidad llegue tan pronto a través de una nube pero son prejuicios de mierda y yo no soy nadie para valorar el camino que cada cual escoge para ser más feliz; simplemente no es lo que quiero. Pese a toda esta chapuza de conclusiones cargadas de raciocinio e intelecto sería absurdo negar que me duele estar sola...¡y yo que me creía tan independiente y autosuficiente!

Me asusta sentirme tan fría, me asusta pensar que estoy expuesta a sentir emociones que me faltan y que no las sepa gestionar. Me asusta tanto este sentimiento.

Por los balcones de mi salón se ve el solar de casas viejas derruido y lleno de gatos negros. Supongo que a mucha gente de esta ciudad les resultará nostálgico pasar por mi calle y ver lo que ha quedado de casas viejas, solamente unos muros destruidos y una plaga de gatos negros. Es una cuestión generacional y yo en casas viejas sólo veo unas ruinas, casas viejas son nuevas para mi porque percibo la ciudad nueva, todo tiene otro color ahora.

Cuando pasen los años seguro que disimularé una sonrisa cuando suenen canciones de Eric Clapton porque slowhand se esta convirtiendo en algo más que música. Llamemosle algo así como mi banda sonora en tiempos arduos.

sábado, 22 de febrero de 2014

Clapton

Necesitaba tantas respuestas y me quedé sin ninguna. Hubo tantos "te lo dije" inútiles. Se me da tan bien echar leña sobre hogueras que se apagaron hace tanto tiempo. El calor desapareció y aceptarlo fue traumático.

Y curé mis heridas y cerré todas las puertas, sin embargo no soy inmune a mi pasado.

Y de repente pasas por la puerta de un bar, me fijo en tu caminar que no ha dejado de serme familiar, seguiría reconociéndote por como caminas entre mil personas. Y de repente me entra ese frío que va por dentro y que duele. Duele tanto. 

Y decidido marcharme a casa a escuchar a Eric Clapton. Me reconforta saber que nunca pisaste este lugar. Me reconforta saber que este es mi proyecto. SOLA. 

Estos meses son agridulces, me han traído sensaciones placenteras y que escuecen a la vez. Las heridas escuecen y esta noche estoy necesitando de agua oxigenada. Clapton lo hace bien.

miércoles, 19 de febrero de 2014

Tensión y más tensión

En este último mes todo ha ido tan rápido. Los cambios se han concatenado sin darme tiempo a asimilar algunos, y a aceptar otros que me han pillado desprevenida.

Estoy acostumbrándome a no cuestionar (en exceso) la realidad que se me presenta. Estoy acostumbrándome a vivir en libertad pero lo confieso, sigo sin sentirme a salvo. No me termina de agradar este frío que invade mi cama de metro cincuenta y, lo que es peor, que se ha instalado en mi como una plaga. 

Sé que es otra pequeña fase. 
Me remito al principio, los cambios van rápido y lo que hoy veo negro sé que mañana puede ser azul, verde o rojo.

Pero tú sigues trayéndome de cabeza desde hace ya demasiado. Esperaba que se solucionara o simplemente pasara pero sigue ahí esa tensión extraña y enrarecida por día. No quería tomar ninguna carta en el asunto, sólo quería que las cosas fuesen como nos apeteciera, sin planteamientos previos. Pero tú y yo no fluimos. Las cosas no fluyen entre tú y yo. No le encuentro explicación. Tengo hipótesis de explicaciones ficticias que no sirven de nada porque no hay fundamento real. 
Sólo sé que el problema no es de incompatibilidad porque en momentos puntuales las cosas entre nosotros no sólo fluyen sino que emanan y se me filtran en la piel y la retina.

Me da miedo estar dándole demasiada importancia a esta situación y a la actitud mutua pero algo me dice que es real. Algo me dice que a tú también estas extrañado por esta tirantez que resta tanto a la naturalidad y a la espontaneidad.

Hace más de un mes escribí de ti. Terminé diciendo:

"Y, sin más dejo de rizar el rizo que no hay que liarse"

Los rizos son de nivel afroamericano pero, insisto, mañana todo puede ser encrespado, greñudo o liso.


                                                  

jueves, 6 de febrero de 2014

Novela con cocaína

Las horas de trabajo en estos días se me hacen eternas. El hotel está vacío. Todo el personal deambula por el recibidor y los salones intentando acerlerar el tiempo, paseos en círculo y miradas compulsivas al reloj. A mi también me pasa, parece que el tiempo no pasa a la velocidad habitual.
 
Al menos yo lo estoy aprovechando para leer, leer bastante.
 
Ahora estoy con novela con cocaína de Aguéev (o eso se supone porque la auditoría está en entredicho) y me esta gustando bastante. Es un libro de mi padre, como casi todos los que leo.
 
Iba por el onceavo capítulo cuando el protagonista, un ruso llamado Maslenikov, esta criticando durante la relación con su madre, la esta juzgando equivocamente sin pararse a pensar en su generación ni en el sentido de por qué esa señora es lo que es en ese contexto histórico. Me estaba costando realmente trabajo terminar de leer el párrafo en el que describe como su "repugnante" madre sorbe la miserable sopa de la que se alimenta cada día.
 
De repente todo el párrafo tiene un paréntesis enorme hecho a lápiz y al lado una frase:
 
¡Mal análisis Maslenikov!
 
Lo escribió mi padre. Yo llevaba todo el párrafo intentando acelerar el ritmo de lectura porque me estaba pareciendo bárbaro.
 
Me río y giro el libro hacía la portada. Vuelvo a abrirlo.
 
Jerez, mayo de 1984. Es justo entonces cuando suelto una carcajada, una sensación entre orgullo y nerviosismo. Las casualidades, a veces, me ponen nerviosa.
 
Él nació en noviembre de 1958, por lo que cuando leyó el libro tenía 25 años y 6 meses.
Yo nací en agosto de 1988. Justo en este mes de febrero tengo 25 años y 6 meses.
 
Me encanta que la genética me haya hecho tan él, es mi mayor orgullo y jamás se lo confesaré.
 
Aunque tampoco hace falta, él lo sabe.

martes, 21 de enero de 2014

Mi rumba

Llegó el gran cambio. Un cambio que verdaderamente necesitaba. Un cambio que me da vértigo y miedo pero, sin duda, en la balanza pesan más todos los aspectos positivos que me va a aportar este giro en el camino.

Sé que me lo he ganado, sé que me he esforzado y que lo he peleado.

Y aquí estoy, haciendo la maleta, no para irme de viaje sino para independizarme.

¡No me lo termino de creer por más que me lo repito!

Seguiré guardando ropa mientras escucho "contigo" de Canteca de Macao que siempre me pone de buen humor...y esta noche estoy pletórica.





Ese aire gitano, con el petilla siempre en la mano, 
tarareando alguna canción. 
Paseando por el barrio, 
dando que hablar a to el vecindario. 
Sabor a rumba de corazón. 
Sólo tengo rumba pa ti. 
Ay! Mi rumba, mi rumba es pa ti. 
No tengo dinero 
pero tampoco yo lo quiero 
mientras mi rumba 
Ay! pueda ser pa ti.