sábado, 6 de septiembre de 2014

Primer paso

Reconocerlo es el primer paso.

Dentro de unos días hará 10 meses desde que comenzó nada. Diez meses que parecen dos años, un tiempo en el que se han combinado más sensaciones y emociones que en cualquier tiempo pasado.

Y me rindo. Me niego a no asumir que desde que apareciste algo cambió, no puedo negar durante más tiempo que eres mi punto débil y cada vez que reapareces quiero que te quedes sin saber para qué pero que te quedes. Han sido tres las despedidas entre nosotros. En cada despedida me he convencido que era la definitiva y que ya se terminaban estas explosiones de emociones que me despiertas pero siempre vuelves y me revuelves.

Me dejas patas arriba sin saber por qué.

Me quedo rebosada de incógnitas porque jamás te siento ni me siento natural contigo y después de tanto tiempo todo se debería haber normalizado, sin embargo continuamos evitándonos y esquivándonos aunque estemos sentados en la misma mesa.

Pero antes de marcharte para siempre, otra vez, vas y reapareces.

Vuelves y me das tregua. Vuelves y me miras, me hablas evidenciando la falta de espontaneidad y fluidez que te acarrea coincidir conmigo, te hablo y soy el reflejo de las mil sensaciones que me despiertas por eso estoy tan intranquila.

Y en los días siguientes me encuentro cansada de ir a los mismos bares cada noche y buscarte aunque sé que no estás. Y todos se parecen a ti durante dos segundos hasta que me doy cuenta de que no voy a encontrarte y cómo me jode que me sucedan estas cosas.

Estoy cansada de esas apariciones fugaces en mi vida que me dejan apática con el mundo. Me parece injusto que en menos de 24 horas seas capaz de no querer coincidir conmigo estando a escasos metros y horas después aparezcas en el bar en el que estoy, te dediques a sonreír cómo sonríes y a mirar como miras.

Y te despidas de mi a las dos de la mañana dejándome desconcertada cuando al irte a dar dos fríos y distantes besos de despedida, vas y me abrazas. Me abrazas y noto, no sé cómo, que te gusta mi perfume. Sé que te gusta porque recuerdo que alguna vez hiciste alusión a ello. Y claro, otra vez recuerdo.

La frase final es, de nuevo, otra despedida a medias que no me deja cerrar la historia: "Nos vemos en navidades que vuelvo". No somos amigos, no me vas a llamar en navidades cuando regreses, no sabremos nada el uno del otro estos meses pero tú siempre haces esas cosas. Siempre sueltas esas explicaciones innecesarias que nunca entiendo porque es raro y forzado.

Me da pánico que no desaparezca esta energía que desprendes y que me rebasa, que reaparezcas en unos meses y vuelva a compararte con el resto y te me apetezcas más que todo lo demás; tampoco me da calma pensar que no aparecerás porque detrás de cada adiós siempre escondo un hasta luego. Sólo hay algo que desee más que tus reapariciones y es la aparición de algo nuevo que me erice la piel y que así toda esta absurdez desaparezca de una vez.

Supongo que son cosas de la vida, aunque me haya matado por negarme que todo esto me estaba sucediendo.

Y retomando el inicio: reconocerlo (que ya es hora) es el primer paso.


lunes, 18 de agosto de 2014

Rockola

La otra noche, poniéndonos al día de nuestras peripecias etílicas nocturnas, un amigo me hizo un comentario que me ha hecho pensar mucho estos días.

- ¡Pues deja de ir de mujer fatal!

Le estaba hablando, por segunda semana consecutiva, del guitarrista de los ojos trasparentes a quien me encontré el viernes en el Rockola.

Mientras más tiempo pasa, menos puedo negarme a aceptar que soy profundamente enamoradiza, aunque me joda. Me enamoro de un paseo por el río o de las vistas desde mi azotea. Prácticamente de casi cualquier cosa que me estimule. Y los hombres también son estímulos.

Aquí tenemos el quid de la cuestión.

Soy incapaz de moverme por las esferas del ligoteo puramente carnal sin fijarme en algo más. Hay rachas en las que he estado en una onda mucho más superficial y veía poco más allá del polvazo que tenía X, no había ninguna otra cuestión que me interesase que lo que aconteciese durante un par de horas en mi cama.

Desde el comienzo del verano esas historias han pasado a parecerme vacías, absurdas y profundamente frías. No ha sido premeditado, simplemente el cuerpo me ha dejado de pedir reincidir en historias que habían dejado de sentarme bien. Sé que en este año de transición absoluta he actuado de ese modo por mi déficit de seguridad y autoestima.

Ahora la seguridad y la autoestima me la refuerzan mi familia y mis amigos, sentirme valorada y querida por ellos. Ahora mi confianza y bienestar no dependen de cuantos líos de cama tenga abiertos, eso es algo que me hace sentir profundamente bien.

Ahora sé que soy yo quién elige follarse a alguien porque me despierte algún estímulo, no elegir entre quienes se hayan fijado en mi y hayan dado el paso de acercarse después de ocho copas a las 5 de la mañana.
Y he aprendido a no forzar situaciones, a dejar que todo fluya porque hay algo más. El estímulo supera lo físico cuando lo que te ha llamado la atención de alguien va más allá.

Ahora, inevitablemente, viene la autocrítica:

Ahora que el estímulo humano aparece, yo paso a sentirme más vulnerable. Desarrollo una especie de filofobia infundada porque me da pánico enamorarme.

Es aquí donde entra en juego el rollo de femme fatale. Esos ojos trasparentes me intimidan, me vuelven tremendamente tímida y utilizo el rollo este de soberbia altanera para protegerme de mis pudores. Me produce aversión que la imagen que puedo proyectar para los demás sea esa y ese es el objetivo de toda esta parrafada mañanera.

Tengo la pretensión de romper con este mecanismo absurdo, el propósito de sí vuelvo a cruzarme con esos ojos trasparentes o con otros, no rehuirlos. Soy consciente de que el viernes él tuvo bastantes conductas de acercamiento y yo no dejé de reincidir en desoír cualquier gesto y boicotear la situación.

Tengo que darme cuenta que no soy la única en el mundo a la que le gusta sentirse bien por las muestras de interés de los demás, que la gente necesita que le digan las cosas bonitas y no solo yo, que el resto del mundo también tiene timidez y que las situaciones tienen que ser recíprocas o las desechamos.

Y esta falsa soberbia de femme fatale es un cuchillo que sostengo con fuerza pero con la mano en la hoja afilada y cortante que lo convierte en un estropicio.

No soy la única que esta pasando por un momento duro, no soy la única que necesita y exige algo más. No soy tan única, aunque como diría Aute, a veces en nuestra búsqueda es más fácil encontrar rosas en el mar.

Pero el mar lo tiene todo, también rosas que rescatar para que el sol y la sal no las marchite.




lunes, 11 de agosto de 2014

Madrigal a la ciudad de Santiago

No sé si llamarlo karma, corazonada o presentimiento pero últimamente mi mente viaja a Galicia constantemente.

No sé de dónde sale esta pasión por tierras gallegas.

Son pequeños detalles: más turistas gallegos en el hotel donde trabajo que de costumbre y una conexión especial con ellos, paisajes gallegos haciendo zapping por la tele, sueño estar en la costa de Cedeira, sentirme feliz y despertarme de buen humor.

Y el viernes yendo de recogida de bares que dolían un poco (y más si abusas del alcohol para anestesiar los recuerdos), comencé a caminar para casa por calle Relator, eran las 4  de la madrugada y empecé a escuchar música. La música venía de una azotea, no sé exactamente cual, y conforme me iba acercando identifiqué la canción: Luar Na Lubre poniendo música al maravilloso poema de Lorca "Madrigal a la ciudad de Santiago". Hacía años y años que no escuchaba esa canción.

Me paré en seco y me encendí un cigarro. Esa canción borró todo lo turbio que me perseguía esa noche, conseguí dormir tranquila cuando estaba segura que mi cerebro a mil por hora me acarrearía insomnio durante horas y...volví a soñar con Galicia. 

Lo más curioso es que nunca he estado en Galicia.

Arrastro un año que pesa mucho, no termino de amanecer y no sé como hacerlo.

Algo me dice que tendría que alejarme físicamente de mi tierra, a la que adoro más que a cualquier otra, para verme desde la distancia.

Y tengo la irracional certeza de que en Galicia me espera el aire limpio que no termino de encontrar. Es un viaje que quiero hacer sola y en invierno.

Es un viaje que haré sola y este invierno. 




jueves, 7 de agosto de 2014

Y entonces llegó Córdoba


Me encanta agosto.

Agosto me recuerda a mi infancia y debo confesar que mi niñez fue maravillosa. Este mes me sabe a Cádiz, Málaga y Almería, me huele a mar aunque ahora no pueda tenerlo cerca por las mañanas como en aquellos años.

Agosto me invita desechar lo que me absorbe la energía porque la energía me brota de dentro.


Y tú eres tan pura y enérgica que aunque este blog es incógnito haré que leas esto porque quiero que sepas cómo te ven mis ojos, porque me gustaría que creyeses más en ti y fueses consciente de lo que aportas y trasmites a los demás.

No puedes llegar a imaginar la importancia que tiene tu aparición en mi vida, aunque tú no apareces sino que irrumpes y eclipsas con tu presencia porque no dejas indiferente a nadie. Tienes esa gracia natural con certificado de origen cordobés, ese desparpajo innato con el que captas las miradas sin pretensión alguna, esa capacidad de cuestionarte a ti misma y hacer autocrítica de los actos que no te hacen sentir bien. Sé que luchas contras tus inseguridades y que te es duro, sé que te da pánico la fragilidad del presente, te da miedo ser feliz porque cada vez que has creído serlo en el pasado se ha desmoronado todo y la hostia te ha dolido demasiado.

Tienes una inteligencia, una capacidad de trabajo y esfuerzo que admiro increíblemente, una sencillez y una ingenuidad que te hacen preguntar sin miedos ni tapujos,  por eso  aprendes tan rápido.

Eres una persona de las que dejan huella y a mí me la dejaste esa noche de noviembre en la que me cantaste “volver” en aquella azotea con vistas a Triana. Eres ternura pura, no te gusta juzgar sin argumentos, por eso es un castigo que los únicos prejuicios y miedos que tienes son con y para ti misma porque eso no te hace bien.


Sé que en el futuro la vida hará que nos despeguemos y que estemos más ausentes que ahora porque los ritmos nos cambien pero sé que te voy a tener en mi vida durante mucho tiempo. Sé que nos aportamos muchas cosas bonitas y que nos hemos cogido un cariño imparable, al principio incluso nos preocupaba la velocidad del acercamiento y los niveles de empatía. Ahora sabemos que hay momentos en los que encuentras alguien o algo que te rompe los esquemas y lo mejor que he hecho ha sido permitir que tú me los rompas. Me alegra inmensamente que seas capaz de permitir que te escuche y que te abras a mí cuando el cerebro te va a mil por hora, me gusta que sepas que puedes hacerlo porque no te voy a juzgar y desahogarte te hace bien, nos lo hace a todos.


Y sé que piensas que no soy objetiva y que no desprendes todas las cosas que yo veo en ti pero estás profundamente equivocada, Emilia.

Yo te aseguro que es así como las personas te vemos, lo único que hace falta es que tú también lo sepas.

sábado, 2 de agosto de 2014

Mi río Guadalquivir

Y el río le dice a Sevilla:

¡Ay si te cojo en Sanlúcar,
borracha de manzanilla!

Y en Sanlúcar no puedo
pero en Triana
me emborracho contigo
toa las mañanas. 

Adiós mi río, 
adiós mi río
desde Sanlúcar va y vuelve
cariño mío. 

Patanegra

martes, 22 de julio de 2014

Desbaratándome



La música siempre fue un hilo conductor en mi vida.



Las personas más valiosas que han pasado por ella comparten esta melomanía. Melomanía que es, indiscutiblemente, mi más preciada herencia genética.

Cádiz.

Música, unos amigos que a día de hoy son mis mayores aliados; sol, mar, cerveza, música, ron, ginebra, luna, la humedad mañanera del mar, conversaciones, bailes locos, más música. Plenitud. Satisfacción. Sentir que tanto drama ha merecido la pena. Saberte libre y sentirte aún más libre.

Y que cinco días parezcan cinco minutos. Y ya sabéis, la vida es eterna en cinco minutos.

Saber mis pasiones tan mías, sentir mi caminar tan intrínsecamente mío.

Rota. 80.000 personas. Concierto final del último día de festival. Tengo que encontrarte a ti cuando ni siquiera sabía que estarías allí.

Y tú siempre me subes las ganas.

¿Qué pasó? Que me es indiferente lo impasible que te sea. Me da igual bloquearte, aislarme de ti porque las ganas emanen de cara poro de mi piel y me acojono. Que cuando me siento fría como un témpano apareces repentinamente haciendo que regrese mi calidez natural y eso me sienta tan bien. Me reencuentro.


Por eso te miro con la fuerza de quien sabe que tendrá muy medidas y contadas ocasiones de hacer ese mirar algo habitual. Algo incompleto por el miedo a terminar nada. Nada.


Que vivimos dos historias diferentes pero para mí cada adiós es un hasta luego.

Ni puedo ni quiero decirte adiós y sólo espero que el siguiente hasta luego llegue pronto.

lunes, 7 de julio de 2014

Scopaesthesia


Scopaesthesia es la conjunción de dos vocablos griegos: skopein (mirar) y aesthesis (sensación).


Sé que no es algo demasiado científico pero me confieso partidaria de esta hipótesis que defiende la habilidad de distinguir cuando somos observados.

Ayer hubiese cumplido 107 años la mujer intensa por antonomasia: Frida Kahlo. Me acosté leyendo información sobre ella y hubo una frase que me encantó:


Escoge un amante que te mire como si fueras magia.

Obviamente la sensación de magia es tan personal y relativa que puede no tener nada de relación con la realidad; sin embargo es una emoción maravillosa porque te produce cientos de efectos mentales y físicos desbocados.

Desde el principio me hiciste sentir desbocada, de ahí tanto blindaje ante ti. Cuando me sitúo frente a ti siento esa scopaesthesia y, en consecuencia, esa magia irracional. Mi interpretación y participación en cada diálogo están cargadas de insinuaciones temerosas. Cuando me sitúo frente a ti, te excluyo. Te excluyo porque cuando te incluyo me vuelvo (más) insegura y vulnerable. Mi inconsciente toma las riendas y se me pone en marcha un fuerte instinto de autoprotección fruto del agotamiento emocional, tan intrínseco ya en estos días.

Más allá de lo duro que parezca este agotamiento emocional, a mi me esta suponiendo el impulso que necesito para no caer en la conformidad y el conformismo. El impulso que me induce a sumergirme en la búsqueda de aquello que me haga feliz, sin prisas ni relojes.

En realidad me lleno de dudas y recelos porque me es difícil asimilar que una sensación tan fuerte sea unilateral aunque tampoco lo sé. No sé si eres la causa o el efecto y ni siquiera sé por cuál de las dos me decantaría.

Debo confesar que me da igual la unilateralidad o la imparcialidad de estas sensaciones porque son maravillosas. Me inspiras a sentir y me despiertas los sentidos cuando más atrofiados estaban.

En el paseo mañanero y autista de vuelta a casa el domingo por la mañana se me repetía en la cabeza la canción de Los Piratas llamada “ansiedad”:

“Impotencia, ansiedad, melancolía, enojo, desconcierto, deseo, intensidad…”

Sobretodo intensidad. Frida Kahlo fue una mujer intensa. Ese paseo de vuelta a casa fue intenso, al igual que la ristra de sabores que arrastro últimamente.

Me declaro la más fiel amante de la intensidad.

Las intensidades te hacen sentir viva.

¡Viva la vida!

domingo, 29 de junio de 2014

Cambio de tercio.


Hay veces que me cuesta la vida escribir pero últimamente me cuesta vida y media no hacerlo. Es una necesidad para poner en orden mi cabeza, y ni por esas lo consigo, para qué engañarme.

Con dos horas y media escasas de sueño aquí ando agotada dándole vueltas a todo. Es jodido pero mientras más agotamiento mental hay en mi cabeza, más me exprimo. La parte buena es que es ahí cuando más sincera me soy.

El Kafka fue retroactivo anoche;  me recordó las noches de este invierno en las que prorrogaba aquella sonrisa como estímulo, me recordó las noches en las que me esforzaba por conocer a tíos con los que dar rienda suelta a mis instintos carnales más primarios, me recordó otro tiempo. Ahora ha pasado el momento en que la necesidad de alegrarme la piel era superior a alegrarme el corazón.

Un tiempo en el que no encuentro demasiada distancia espacio-temporal pero me parece muy lejano sin saber por qué. Estas sensaciones son así de repentinas y me siento profundamente desubicada últimamente, me siento sensible, vulnerable y expuesta al resto. Supongo que es algo natural después de haberme reconocido que se me estaba yendo de las manos el ponerme corazas y escudos protectores de riesgos vitales. Es cómo si este tiempo lo hubiera vivido entre paréntesis.

Anoche eché de más algunos bares y me brotaron esas ganas de que alguien me sorprenda. Me he cansado de fomentar historias que me vacíen y enfríen por dentro; necesito calidez, cariño y erizarme. No estoy diciendo que quiera amor, no hay etiquetas ni miedos pero después de casi un año ya no tengo la necesidad de inmunizarme a las personas, de imponerme la frialdad emocional por decreto y fingir para protegerme.

Es un tiempo en el que me aporta más una conversación improvisada y una mirada que me trasmita que un revolcón sexual con, por supuesto, su dosis de alcohol de por medio. Me di cuenta en la barra del Kafka al ir a pedir un tercio de cerveza y mirar los ojos que tenía cerca. Sentí estar fuera de contexto y no encontrar demasiado sentido a estar allí en ese momento por lo que me fui a casa sin pedir el tercio.

El problema viene cuando sin saber cómo, cuándo ni por qué recuerdo una mirada que me trasmite más que el resto, me deja de un buen humor que me perdura durante días y que echo de menos.

martes, 24 de junio de 2014

Caóticos

Tus ojos me trasmiten caos últimamente. 
Tus actitudes desordenadas, entremezclan la naturalidad intrínseca de nuestra relación con gestos nerviosos que denotan tu falta de tranquilidad y sosiego. Miradas compulsivas al móvil y nerviosismo en conversaciones en las que, realmente, no estás.

Puede ser que siempre hayas sido así y para mi haya pasado desapercibido.
Puede ser que se haya intensificado en el mes de junio por las movidas que arrastras.
Pero hay algo que sí que es: ahora lo percibo y me da rabia. 

Me da rabia tu dispersión. 
Me da rabia este stanby.
Me jode saber que entre nosotros nunca cambia nada y este es otro momento más que reprimir porque estas cosas contigo se me pasan.

Me mata que se me tenga que pasar sin ser capaz de hacer nada. Paralizada porque haya tanto en juego y me de miedo que nuestra relación se resienta.

Y, ¿sabes algo? 
Esta vez no se sí quiero que se me pase.
Esta vez me estoy cansando de reprimir impulsos que toman más peso en cada ocasión que me expongo a ti.
Esta vez, puede que lo joda todo.
Y es más que probable que me merezca la pena.

Tengo mis dudas y mejor no hacer demasiadas preguntas si creo que hay algo bueno que perder.


sábado, 14 de junio de 2014

Los buenos tiempos VERSUS Los buenos días

A veces los momentos más gratificantes llegan de la manera más inesperada. Llegan sin que seas ni siquiera consciente de la falta que te hacían.

Ella ha sido el gran descubrimiento de esta primera mitad de 2014. Llegó a nuestra vida por casualidad y se convirtió en nuestra compañera de piso.

Marta es de esas personas que sientan bien. Sabe hacerte reír y que te diviertas sin que seas consciente, posee una sensibilidad y una empatía con el ser humano que, estoy segura, será su mayor tesoro en la vida.

Te contagia un modo de afrontar la vida sencillo y a su vez lleno de complejidades.
Hables de lo que hables con ella hay algo intrínseco en sus opiniones, sus risas o sus gestos: esas ganas de vivir, de ser feliz y de disfrutar de la vida sin que, bajo ningún concepto, la paralicen los miedos o las consecuencias de acciones y palabras que le salgan del corazón.

Sabe hacerme ver que el miedo es humano y natural, sólo hay que saber gestionarlo.
Sólo hay que saber darle el papel que merece en tu vida para que nos perdamos ninguna oportunidad que nos aporte cosas bonitas.

Y un sábado cualquiera llegas a casa del trabajo, cargada de bolsas porque has decidido que hoy era el día de ponerse las pilas. Tienes energía para currarte un almuerzo. El almuerzo ya no es para una sino para dos.

Finalmente dicha comida se convierte en cuatro horas de cháchara en el sofá de nuestro salón, el almuerzo termina incluyendo café y más cigarros de la cuenta, como siempre. La mezcla del café y el tabaco me pierde.

Esas cuatro horas, esa conversación me ha servido para darme cuenta de que llevo una semana de apatía y mal humor injustificados.

Esas cuatro horas, esa conversación me ha hecho ver que me saturo con la ausencia de problemas reales y me dedico a convencerme de que todo saldrá mal, que todos mis pasos serán en falso y que mejor no caminar por nada hacia ningún lado. 

Simplemente es miedo.
Un miedo visceral y tóxico por no tenerme bajo control. Por la irrupción de cuestiones naturales que sólo tendría que disfrutar.

Ya llegara el día en que se terminen los buenos tiempos y comiencen los buenos días.

Ahora tengo una buena racha porque disfruto de algo o alguien cada día.

Vivir en los buenos tiempos es una suerte.


lunes, 9 de junio de 2014

Quizás toda la vida.

Y por primera vez en mucho tiempo, quizás demasiado, quizás toda la vida, deseé no tener nada excepto lo que tenía.

La fase tío vivo es un poco inagotable y se repiten las secuencias de emociones: a ratos superfluas y a ratos bastante profundas. 

Hay secuencias lógicas y también hay flashes. Flashes repentinos que mis pupilas toleran cada día de modo más natural sin que me creen la inestabilidad y la ansiedad de hace tres meses.

No niego que esos flashes sigan siendo perceptibles para mi, no me son indiferentes.

Pero no aspiro a que desaparezca ninguna de estas secuencias o flashes porque en esto consiste tener 25 años y sentirte, por fin, libre. 

¿Estoy confundida? Si.
¿Me sorprende el modo en el que he decidido empezar a vivir? Si.
¿Me dan miedo los riesgos? Si.
¿Me siento a salvo? No.

¿Y qué? En eso consiste vivir en libertad, irse librando de miedos y prejuicios, permitirte sentir sin limites racionales y morales.

Así que quizás por primera vez en toda la vida no deseo ser de un modo u otro, no deseo hacer las cosas de un modo distinto a como las estoy haciendo, no deseo sentirme mejor ni sentirme peor,

No quiero nada más, excepto lo que tengo.

domingo, 18 de mayo de 2014

Planteamiento, nudo y desenlace

Reconozco que ando un poco bloqueada para sentarme a escribir últimamente.

Me siento como en una trama. La trama busca conexiones causadas entre los distintos elementos de la narración, en una trama hay planteamiento, nudo y desenlace y estos elementos están tan profundamente conectados que la eliminación de uno de ellos lo deformaría todo.

En la trama el planteamiento siempre comienza con un problema o una discrepancia que complica la historia y a mi de eso me sobra. Tengo una falta total de objetividad así que, ¿comenzamos planteando el inicio en la ruptura? y de ser así...¿en qué ruptura?, ¿la emocional con mi pareja de 7 años?, ¿la política con mi militancia?, ¿la familiar?. Supongo que un poco de todas así que iniciaríamos el planteamiento, que me hace estar hoy aquí, el verano pasado. 

Hace 10 meses exactamente de la explosión pseudoatómica. Cronológicamente podría parecerme un tiempo prudencial para comenzar a plantearme el nudo, ese nudo como acción transformadora de la historia. El plantear un nudo es transformar la acción problemática que motivó la trama, y yo no consigo identificar objetivos. 

Es decir, me siento tan mutable que ni siquiera identifico en mi historia a los personajes principales, a los secundarios y a los incidentales. Hace dos meses estos últimos aparecían en momentos específicos, por ejemplo para los momentos lúdicos de cervezas y banquitos alamederos. Y pasados dos meses te das cuenta de que algún personaje incidental se ha terminado convirtiendo en un personaje clave. La aparición fugaz de una sola persona, a veces, puede producir cambios que se calan en los huesos. Lo incidental pasa a principal y, del mismo modo, hay personajes principales que pasan a ser secundarios o en vías de desaparición por inanición.

Mi vida parece un bar. No para de entrar y de salir gente, realmente siempre me he rodeado de mucha gente pero ahora he cambiado yo. He dejado de aferrarme a las personas como solía hacerlo, he dejado de asumir los problemas de la gente con la que me encariño como parte de mis preocupaciones. Ahora disfruto más y pienso menos, me siento menos sola porque me juzgo menos y me perdono más.

Y ahora sé que mi trama no tendrá un desenlace y no lo espero. No existe esa acción transformadora que lo cambia todo y conduce al punto culminante de la historia. Existen muchas acciones transformadoras que me cambian a mi, soy yo quien dirige la historia y los cambios no alteran la historia de manera idealista sino que me van transformando.

No me cuestiono en exceso el por qué me pasan cosas que no consigo valorar sí me hacen bien o todo lo contrario. Anoche me divertí con una amiga que conozco hace años y con la que nunca había hablado, en dos semanas hemos cenado una vez, tomado cervezas dos y bebernos todo lo bebible y disfrutar como hacia tiempo, anoche. Mi compañera de piso desde hace tres meses se esta convirtiendo en alguien muy importante para mi, hablamos mucho y me gusta la comunicación con ella. Hay pequeñas personas que me hacen mucho bien y ahora me esfuerzo en buscar momentos para disfrutar de ellas y acepto que la veteranía de la gente importante en mi vida no es incuestionable y la cuestiono.

Ese cuestionamiento hace a lo incentivo principal.

Ahora en mi trama me siento directora y guionista. Ya no me siento un títere en deuda con el mundo y ya no actúo con la gente de un modo que es más mecánico que humano.

Ahora tengo una historia por vivir. 
Mi historia.

miércoles, 30 de abril de 2014

Y yo no hacía estas cosas...

Yo no hacía estas cosas.
Yo no llegaba a casa y me hacía un porro. Yo no fumaba porros.

Yo solía tener mi mañana planificado, no apuraba en exceso las horas porque cada minuto era algo más de retraso que me repercutiría en el resto de las horas de cada día. Días que pesaban tanto...

Yo no me metía en la cama con esta necesidad física de ayuntarme a otro cuerpo. No me inquietaba el sexo, mi cuerpo nunca me lo pidió de este modo.

Yo tenía listas. Siempre había raciocinio en mis decisiones y prioridades, nada se escapaba a lo planificado, a lo rentable y a lo beneficioso para mi salud mental. Yo tenía salud mental.

Yo tenía una conciencia que pesaba pero equilibraba. Equilibraba los riesgos y me mantenía a salvo.

Yo nunca me podría erizar sino me ofreces nada, sino eres rentable y no me ofreces nada palpable.



Y yo no sé cómo pero ahora hago estas cosas.

Ahora llego a casa y me hago un porro. Ahora fumo porros y me sientan espléndidos.


Mañana no tengo nada que hacer y apenas me preocupa el tic-tac, sólo sé que AEMET afirma que tendremos sol y quiero tomar café en la azotea. Mañana quiero sol.

La cama despierta mi necesidad física y me turba. Sin infravalorarlo, el sexo se ha convertido en una especie de paliativo, ha perdido la piel y me hace sentir placer egoísta. Las miradas no dan calor ni frío por lo que puedo follar mirando a los ojos y, obvio, se conecta más.

Las listas van perdiendo valor y no hay orden de prioridades. Hay cambios por todos lados, todo es mutable y eventual y, a veces, me satura. Tengo más salud mental que nunca.

Siento el riesgo pisándome los talones y freno la velocidad. Paro el ritmo porque el riesgo es adictivo y da vida. Ahora quiero vivir sintiendo que vivo.

Y ahora me inquieta sentir que me ofreces sentir sin raciocinio. Me acongoja que no seas rentable ni palpable y, sin embargo me transmitas tanto. Es duro resistir esta estimulación incongruente cuando yo solía priorizar “la gestión de las emociones antes de sentirlas” como prefacio en mi vida. Contigo no puedo gestionar porque no sé por qué pero tú me desbordas.

Putas causalidades de la vida.

Y ahora no controlo la causa, el principio y origen.

Estoy carente de identidad y me encanta que la página este en blanco. 

martes, 15 de abril de 2014

Primero de mayo

A veces no consigo encontrar el por qué y eso siempre me frustra.

Esa obsesión por racionalizar, entender, hacer listas de pros y contras, de beneficios y riesgos, de miedos y valentías...

Estoy enamorada de Sevilla esta primavera, tengo las emociones a flor de piel y claro, tanta flor de azahar en el ambiente se me impregna en el cuerpo y desprendo bastante felicidad.
Sonrío más en una semana que en los últimos cinco años, me quedo embobada mirando balcones maravillosos de calles empedradas, me sorprende cruzar el Guadalquivir y tener que pararme a fumar un cigarro porque la luz del atardecer de esta ciudad en abril es mágica.

La noche del domingo bebí muchas cervezas y demasiados mojitos, tengo que dejar el alcohol azucarado porque me vuelve aún más loca. Estuve muy agusto tanto por la compañía como por el olor a dama de noche que tiene siempre el bulebar en primavera.

Me sentí cómoda y dejé en casa el raciocinio y la libreta de hacer listas de contras y pros, de riesgos y beneficios, de miedos y valentías.

Me tiré a la piscina y confié en ella porque se lo ha ganado y si hay algo que me ha demostrado en los últimos meses es que tiene una virtud que valoro enormemente en la amistad: la discreción.
Además de muchas otras cosas maravillosas que tiene para aportarle al mundo, lo que pasa es que ella aún no lo sabe. Ella aún no sabe verse con los ojos que la vemos los demás.
No tengo duda alguna de que esta en el camino de superar muchas secuelas que le ha podido dejar querer vivir demasiado deprisa sin pararse a pensar demasiado, por eso ahora tiene esa necesidad de pensar en ella. Está bien que lo haga, es el momento de pensar en una misma y tener lo mejor de ti para ofrecer al mundo. Creo que eso es precisamente lo que nos ha unido de esta manera tan acelerada, desde la lógica más formal. Nos estamos mostrando lo que nos apetece la una a la otra sin juicios morales ni prisas; con ella los ritmos se marcan solos y me encanta que forme parte de mi vida como lo hace.
.

Me da vértigo que llegue el primero de mayo.

Confesé que esta historia de revolcones a las 6 de la mañana, de ser yo tu quinto porro y tú mi décima cerveza, esta historia de tensiones absurdas y distancia de seguridad ha sido más importante para mi de lo que nadie del entorno llegaba a imaginar, y es que claro, cuando me propongo disimular lo que siento sé que consigo hacerlo bastante bien.

El primero de mayo te marchas de este país que no nos permite vivir, te marchas a ser feliz y disfrutar del amor. 

Y yo el primero de mayo no perderé nada, ya sabéis no se puede peder lo que nunca fue tuyo. 

Simplemente a partir de ese día ya no te miraré a escondidas, ni sentiré como me seduce tu sonrisa, ni esperaré que aparezcas repentinamente a las 2 de la madrugada cuando creía que no ibas a salir, ni te encontraré los jueves por el Múnich y los viernes en el Kafka, daré por perdidos los pendientes que olvidé en tu casa y asumiré que la conversación pendiente nunca llegará.

Será absurdo pero te voy a echar de menos.


miércoles, 2 de abril de 2014

Rompiendo la norma

Al volver al "mercado" comienzas a cogerle el gustillo a las historias de una noche. Historias vacías que siguen los mismos cauces, llegas a ellas a través de las mismas conversaciones y actitudes. Repetición cronometrada de palabras, cervezas y copas de ron.

Creo que los hombres tienen algo de miedo a tratarnos con cariño en esas situaciones, es como si el tópico de mujeres hormonales y sentimentales les hiciera temer que te enganches y obsesiones con ellos por un polvo, un polvo descompasado y sin preocuparnos del placer ajeno. Nosotras percibimos esa frialdad y te mantienes aún más fría y lejana que él, como si el situarnos desnudas ante un hombre que nos trasmite eso no nos hiciese sentir damnificadas.

Esas situaciones te llevan a las despedidas más disparatadas. Te vistes y dices: ¡nos vemos pronto por los bares! (¿qué bares?, nos vemos, ¿y qué?) y sales lo más rápido que puedes, haciendo el mínimo ruido intentando que esa situación, en la que no sabes cómo te has metido, sea lo menos trascendente posible. A veces intentas ser más cercana y después de vestirte das dos besos, y te sientes absurda porque hace diez minutos estábamos demorándonos la boca. Y sales corriendo.

Las mujeres no somos tan frías y los hombres aún menos pero nos esforzamos terriblemente en hacernos sentir irrelevantes, en hacer ver que esas situaciones son cotidianas para uno mismo e intentamos no decir nada que haga significativas ese par de horas.

Situaciones tan retroactivas que despiertan nuestros instintos más básicos y sabes que juegas a ese juego por necesidad física. Pero no siempre es posible hacer que prevalezca esa necesidad sin sentir un vacío en el alma que te hace estar de mala hostia durante unos días.

Y de repente se rompe el patrón. 

Tú eres una cobarde que nunca va a ser cariñosa con un hombre que pone esa barrera pero sin esperarlo alguien rompe el reglamento.

No esperas que vaya a pasar nada con esa persona porque la conversación no tiene apenas carga sexual, o no tiene la carga sexual incuestionable habitualmente utilizada. Y sucede todo de manera distinta: los besos son más lentos, las caricias sosegadas, no percibes esa apatía en el placer ajeno, os miráis a los ojos sin que intentes esquivar la mirada  y claro, encuentras satisfacción en ese encuentro fortuito.

Estás tan confundida que te haces la dormida como si la narcosis más potente se hubiese apoderado de ti. Sale de tu cama y te da un beso en la frente que te deja aún más desorientada por lo que solo puedes fingir estar inmersa en el sueño más anestésico de la historia, evidenciando que no te has percatado de nada.

Esa noche te deja de buen humor los siguientes días. Se ha roto el patrón.

Y el domingo te llega un mensaje al facebook:

"Hola melómana que...estabas tan profundamente dormida...pues no pude decirte que gracias por la acogida..."

No sabes ni que contestar así que eres lo más neutra posible y respondes con unos cuantos chistes malos para terminar con "un placer también la noche y con la melomanía nos veremos seguro por los bares".

Y claro, recibes contestación: "Por los bares nos vemos (con más facilidad espero que encontrarte por facebook)".

Entonces te das cuenta. 

Soy yo la que está fomentando la irrelevancia en mis relaciones con los hombres en los últimos meses, soy yo la que se resigna a pasar página tras dos horas poniendo lavadoras a cincuenta grados y mil revoluciones de centrifugado. Lo hago sea cual sea el interés que me haya despertado esa persona y actúo simplificando la motivación a lo sexual, poniendo barreras a todo lo humano que haya en mí. 

Y se agradece que llegue alguien y rompa la norma, que alguien demuestre que recuerda haber pasado la noche contigo y evidencia no olvidar lo que sucedió, a pesar de tus intentos para que al cruzar la puerta todo se hubiera evaporado.

jueves, 27 de marzo de 2014

Yo he probado las prisas

Yo he probado las prisas

Ya he probado las prisas
el sexo exprés y los amores precipitados
la abolición de los preliminares 
los ombligos pasajeros
los te quiero a primera vista
los cuerpos fugaces
las bodas en las Vegas
las cremalleras atropelladas.
Me enamoré de desconocidas 
y las quise a contrarreloj.

Ya no quiero eso.
Necesito un amor a fuego lento.


("La triste historia de tu cuerpo sobre el mío" - Marwan)

miércoles, 26 de marzo de 2014

Imperfecta


Lo asumo: me declaro la perfecta imperfecta.

Soy imperfecta y no puedo evitarlo. Cambio mil veces al día de opinión y de objetivos. A pesar de haber estudiado historia, la geografía se me resiste y odio que me pregunten algo que debería saber porque no lo sé. Me gusta tenerlo todo bajo control y me declaro intransigente en las cosas más tontas y absurdas. Me obsesiona la vulnerabilidad,  me angustia sentirme frágil ante personas que no conozco y que me gustan. Me resisto a dejarme llevar por mis instintos.
Soy tan imperfecta que cuando algo me molesta soy incapaz de controlar que mi cara y mis ojos nerviosos no lo comuniquen de alguna forma, así que tengo que terminar hablándolo (e incluso gritándolo). No sé controlarme cuando siento algo, me vuelvo obsesiva y jamás consigo desconectar. Tengo que personalizarlo todo, dibujo nuestros nombres en el lugar donde colocamos los cepillos de dientes porque necesito calor en esta casa. Soy imperfecta porque exijo calor a todo, es una necesidad. Necesito el calor de mi familia, necesito sentir que mis amigos están ahí para mí, necesito los pequeños gestos de la gente a la que quiero. Todo eso me da fuerzas para caminar. 

Soy tan imperfecta que necesito el calor de tantas cosas para continuar: necesito leer de vez en cuando a Galeano y sentir que “Las venas abiertas de América Latina” sigue encogiéndome el alma, necesito ver una película de Aristarain y tener que pausar y repetir diez veces el diálogo de “Roma” en el que Joaco le pregunta a su padre “¿Para qué sirven los ríos?”, necesito escuchar a Silvio y ver como “la maza” me pone la piel de gallina cuando al final dice:


“Si no creyera quién me escucha
si no creyera en lo que duele
si no creyera en lo que queda
si no creyera en lo que lucha
Que cosa fuera..."

Necesito volver a mis raíces escuchando Ismael Serrano y que "Papá cuéntame otra vez" tenga la cara y las manos de mi padre, saber que esa canción será él eternamente. Necesito la eternidad de la música y que extremoduro me haga evadirme, me haga simplificar la vida y me de ese amor-odio que tan bien me sienta. 

Soy tan imperfecta que me resigné durante demasiado tiempo a una vida que no quería y supe de la sensación de reprimir a la felicidad día tras día. Algunas veces soy testaruda y egoísta, no acepto el que las cosas no puedan ser sí yo quiero que sean. Las lucho todo lo que puedo, aunque a veces lo haga desde la retaguardia para que no me salpiquen demasiado. Me da pánico el "no". Odio el tiempo, me cuesta tanto alejarme del pasado y aceptar que simplemente es lo que fue y nunca más será. Me duele desprenderme de entradas de cine, fotos, objetos absurdos o servilletas de papel con fechas y nombres de ciudades. Ese apego al pasado, en ocasiones, me paraliza. Tengo miedo a lo desconocido. 

Consigo llegar a tal nivel de imperfección que la misma sensación que me produce pensar en el pasado me la produce, multiplicada por veinte, pensar en el futuro. Vivo constantemente pensando que las decisiones que tomo en el presente tendrán repercusión en mi futuro. Sin embargo, de repente, cambio de opinión y me pregunto: ¿qué futuro?. El futuro no existe, el pasado dejó de existir porque ese tic-tac no puede pararse y lo único que tenemos para ser felices es el presente. Si no fuese tan imperfecta y el desorden mental no me acompañase perennemente sacaría más provecho al presente.

Amo la imperfección. La imperfección nos hace equivocarnos, hacer daño y dañarnos, nos hace aprender, rectificar y pedir perdón. La imperfección nos hace amar lo que nos ha hecho caer y volver a lanzarnos para ver si la caída duele menos la segunda vez. Aprendemos, gracias a esa imperfección, a caer de pie.

Amo las personas imperfectas: me encanta que las noches se nos vayan de las manos y decir "mañana no salgo", me gusta ser testigo de la vida de mi gente y tener el derecho de advertirles si siento que se están equivocando y amo ese deber de estar ahí cuando todo se derrumbe, porque son parte de mi. Son ese calor imperfecto que me mantiene no sólo viva, sino con ganas de seguir viviendo y que cada día cuente. Amo quienes se salieron del camino marcado y tuvieron el valor de defender aquello en lo que creen, fuesen cuales fuesen las consecuencias. Amo a las personas libres, sin prejuicios y que demuestran que aman. Amo a la gente que ama las cosas más cotidianas: la buena comida, una cerveza con buena gente en cualquier bar de la alameda, un cigarrito a orillas del río, una mirada cómplice que desemboca en carcajada, una borrachera y todas las exaltaciones de amor que trae consigo, una manifestación en la que hay más gente de la que esperabas y te invade la esperanza, la ilusión y las ganas de cambiar el mundo.

La vida es tan imperfecta que el presente no es como ninguno lo habíamos imaginado.

La imperfección es maravillosa.