martes, 17 de marzo de 2015

Adicta a la droga dura

Despiertas adicción porque sabes aparecer en la debilidad.
Cambias los hábitos naturales y te inyectas en las venas lentamente.
Te apoderas de las ideas, tambaleas la seguridad, decaen los pensamientos.
Cada raya provoca un colocón que te va aislando. Te deja recluida y sólo luchas por convencerte del buen efecto que provocas. No se te puede abandonar. Porque convences de que amas y necesitas.

La dependencia crea dependencia.

Cada chute te va hundiendo más pero no sabes salir. 
Eres cálida y arropas, como un lobo con piel de cordero,
eres egoísta, así que en las malas rachas, desapareces.
Estás libre de responsabilidades y las delegas en los yonkis que penden de ti.

Tu invitación constante: "báilame el agua".
Yo no quiero acabar como en la homónima novela de Daniel Valdés.
Así que fin del baile.

Aparece el mono, la abstinencia.
Confundida, busco justificaciones baratas para continuar con la autodestrucción, porque fomentas la aniquilación de una misma.
Consigues que me anule y me olvide de mi.
Esnifo tus problemas falseados. Me sostengo por levantarte, te pintas hundida aunque no lo estás. Estás hundiéndome.
Debilitas otorgando sensación de subidón, como la droga dura.
Eres la droga dura que crea rápida adicción.
Tú controlas la dosis y eres experta en vendar ojos para aislar del mundo.

Algo más de 62 semanas con esa droga bajo mi techo, 
viviendo conmigo y nutriéndose a mi costa.
Ya te saqué de mi o salí yo, qué más da
pero cada día me siento más limpia de ti.

Me quedo con la experiencia de haber tenido un veneno como tú en mis días. Y me has enseñado, pero yo no comulgo con la idea de que "la letra con sangre entra".
Y de sangre y dolor, tú entiendes de sobra. 

Eres una fatalidad y te quiero

lejos.
Lejos.
Lejos.



jueves, 12 de marzo de 2015

Mi Remedio

A ratos me asalta la culpa.
Esta mala racha dura demasiado y no termino de despegar. Una piedra diminuta me provoca una caída de la que me resisto a levantarme. Me he hecho adicta al suelo.

Pero existe ella.

Ella que a sus cincuenta y pocos conserva esa cara redonda de niña.

Ella con ese flequillo pícaro cayéndole al lado derecho de la cara.

Ella tan rubia, de tez blanca y con pequitas. Y no es porque me haya parido, pero es guapísima.

Ella siempre ahí. Haciendo que jamás me haya sentido sola.

Ella y su continuo esfuerzo por empatizar conmigo, pese a ser dos mujeres tan distintas.
O eso creía yo.
Somos muy distintas pero existe un matiz.
Es diferente nuestra superficie pero tenemos una esencia común. 
Y qué orgullo.

Que manera tiene de dejarse la piel por nosotros.
Es increíble, de verdad. No os lo imagináis.

No le gusta la política, sin embargo, mañana 13 de marzo hará 28 años casada con mi padre. Comunista hasta la médula, un luchador incansable al que ella adora. Siempre le ha apoyado y admirado. Se siente orgullosa cuando habla con la gente del barrio de la sencillez de su Quirós.

Cuida de mi hermano con una pasión inquebrantable. Él le permite todas las licencias que yo le quité de adolescente. Se desvive por su alegría y disfruta de que la deje cuidarlo como cuando era pequeño, pese a sus veintipocos.

Me llamo Ana por su abuela, a la que adoraba. 
Se deleita recordando como en el paritorio había un bebé que no paraba de llorar y a las demás madres les iban entregando a los suyos. Y allí seguía el bebé llorando a lágrima viva. Y sólo se silenció cuando lo pusieron en su pecho. Ella la miró y pensó: "Eres para toda mi vida".

Y soy suya para toda su vida. 

Ella me hace sentir que, pese al caos en el que vivo, todo va a ir bien. 
Cuando me dice: "nena, no te preocupes. Todo irá bien". 
La creo. La creo a ciegas.

No sé si el mundo tendrá o no tendrá remedio.
Sólo sé que yo tengo a mi Remedios y que mientras ella exista, en el fondo, todo me irá bien.



viernes, 6 de marzo de 2015

Fumarte la piel en luna llena

Todo intensidad y pasión. Siempre.
Cada paso y cada decisión tenía una sobredosis de deseo frenético.
Ya no me sucede así. Hay tanto frío a mi alrededor y yo estoy gélida.

Esta pena es como un fantasma que no consigo sacar de mi lado.
Se acuesta en mi cama cada noche, da igual si estoy sola o acompañada.
Una pena, ya, tan íntima.
Por eso me maquillo más que nunca, como si los labios rojos pudieran camuflar estos ojos saturados de rimel. Y, aún con rimel y lápiz waterproof, existen miradas a las que no puedo enfrentarme.
Porque me rompería y el pegamento ya no da más de sí.
No tengo fuerzas para recogerme aunque sé que tengo que asumir mis escombros, y dejarme de super glue. 

No me queda paciencia para nada ni nadie.
Y me pasa lo mismo que cuando estoy mala. Siempre me han dicho que soy muy mala enferma porque hago imposible que me cuiden.
Quiero estar sola, que me dejen en paz y el exceso de atenciones me pone de mala hostia.
En medio de este frío me pasa lo mismo.
No quiero a nadie conmigo porque desprendo temperaturas glaciales y no voy a permitir que nadie venga aquí.
Será egoísta, lo será. 
Estoy impasible y distante porque no sé hacerlo de otra forma.
Y me da miedo llorar. Hace meses que no lo hago porque me da pavor no poder parar cuando suceda. Me sucede lo mismo al pensar en hablar de mi. Hablo, tal vez demasiado, pero solo de estupideces. Sé que al hablar de mi terminaría rompiendo la huelga de lágrimas.

Pero me he puesto en marcha para ponerle fin a este quebranto de ida y vuelta gratuita durante dos años.
No voy a dejar que le siga siendo tan barato empujarme hacía abajo en plena pleamar. Ahogándome sin oponer resistencia.

Y será estúpido pero al leer a Riechmann anoche, me dio un arrebato de pasión, parecido a aquellos, y me he subí a fumar a la azotea porque era luna llena. Y me dormí sabiendo refugiarme en mi piel sin dañarme ni martirizarme si, a veces, te echo de menos.



jueves, 26 de febrero de 2015

Madrid con ganas y vértigo.

Salí de trabajar e hice el camino a casa por calle Betis.
Las vistas de Sevilla desde esa calle siempre me han parecido una pasada, sin embargo, esa noche, algo me hizo sospechar que tenía que marcharme.
Que para seguir adorando Sevilla tenía que alejarme de ella.

¿Qué me ata?

No me ata nada porque las ataduras denotan compromiso y odio los compromisos. Las tareas escogidas libremente me fascinan, ordenen el nivel de sacrificio que requieran.
Y aquí hace dos años que mis planes y proyectos se fueron a la mierda. Desde entonces no me motiva la ciudad, me estanca y me limita.

Esa noche supe que llevo meses buscando incentivarme en encontrar un objetivo concreto. Una meta que alcanzar y lo que me falla es el ritmo.
Ese caminar cansado y, a veces, derrotado.

En dos días moví todos los hilos que estaban en mis manos y es que soy una tía tan afortunada. Tengo tan buenos amigos que casi no me ha hecho falta pedir ayuda para marcharme y ya me han ofrecido mucho más de lo que necesito.

El apoyo de mis padres me animó tanto. Que comprendan que en Sevilla he ido agotando opciones y estoy empezando a consumirme.
Alba y yo acordamos poner fin a nuestra convivencia. Se lo tomó mucho mejor de lo que esperaba. 15 meses viviendo juntas y hemos pasado casi por cualquier situación. 
Marzo lo vivimos con la fianza y sólo lo vamos a dedicar a disfrutar de las comidas/cenas/mañaneos con nuestros amigos para llevarnos el mejor sabor de boca de esta etapa que se cierra.
Jesús abre oficina de su empresa en Sol y sólo tuve que decirle que tenía en mente cambiar de aires para que me llamase inmediatamente al móvil y me dijera que lo que necesitara.
Sheila se acaba de meter en una hipoteca en Carabanchel y se puso como loca cuando la llamé. No paraba de decirme lo feliz que la hacía el saber que iba a tenerme cerca. Ya me esta montando el dormitorio porque me obliga a estar con ella, al menos, tres o cuatro meses mientras me adapto. Yo encantada de que mis inicios sean a su lado.

Abril y Mayo los pasaré en casa de mis padres que me apetece disfrutarlos para coger fuerzas antes de marcharme.

Y me da un vértigo bestial porque me marcho sola sin saber muy bien a qué, por cuánto tiempo o buscando qué. 

Pero quiero marcharme.
Necesito cambiar de aires.
Ansío ilusionarme con la cotidianidad.
Consiguiendo eso, sé que los proyectos y planes vendrán solos.
Siempre fue así.



domingo, 8 de febrero de 2015

Mi chico de Malasaña

Ya huele a tormenta,
rechinan veletas,
más tú, tú me puedes salvar.
Desciendes deprisa,
sin paracaídas
en tu escoba a todo gas.

Brujita - Nacho Vegas

No se qué es pero él tiene algo.

Al principio fue su presencia lo que me volvió loca. Es de esos tíos que ves y automáticamente te atraen como un imán. Encima, jugué con la ventaja de que fue él quién dio el primer paso, manifestando de forma directa su atracción por mi. No levanté mis cartas de inmediato y lo dejé hacer. Me invitó a un gin-tonic, empezamos a hablar de las edades y me hizo reír con sus bromas de tío experimentado con treinta y pocos. Estaba nervioso y se esforzaba en saber de mi. Fue en ese momento cuando decidí que se vendría a mi casa esa noche.

Durante el camino ya no había luces turbadoras de bar y empecé a fijarme en sus ojos inmensos y negros. Sus manos eran muy suaves y no sé por qué pero desde que salimos a la calle fuimos caminando de la mano, acariciándonos. Su boca era una provocación constante, al igual que su piel tostada. Me parecieron eternos los diez minutos que se tarda en llegar desde el garito a mi casa.

Allí le ofrecí una copa, por protocolo en realidad. Lo dejé en mi dormitorio y me fui a prepararlas, al llegar con las copas lo vi ojeando mis libros. Me miró y me dijo:

- Tienes buen gusto para la lectura, morena.

Yo le respondí:

- Y para los hombres también, bonito.

Solté las dos copas que ni catamos y empezamos a devorarnos. Me deleitaba lo observador y tranquilo que estaba, eso me hizo calentarme a fuego muy lento. Me miraba fijamente dejando claro que iba a complacerme sin reparos. Sus ritmos en mi cama eran casi hipnóticos, me llevó a un nivel de concentración en mi placer que no había conseguido jamás en la primera vez. Me movía a su antojo probando mi cama, mi escritorio, la puerta de mi armario empotrado y mi espejo de madera. 

Él en el sexo tiene un salvajismo brutalmente tierno que me excita exorbitantemente.

No hubo duda de que nos habíamos entendido bien así que, saciados, nos dormimos enroscados como un ovillo. Justo en ese momento me tenía abrazada de modo que su barbilla quedaba sobre mi frente, a la que bajó medio dormido para darme un beso y me dijo: "Duérmete, mi niña". 
Le hubiese dado incluso las gracias en ese momento, pero hubiera quedado fatal. Gracias por hacerlo todo tan natural y permitirnos el placer de dormir así y darnos cariño siendo dos desconocidos.

Los siguientes días recuerdo que pasé unas agujetas del carajo, me costaba agacharme la misma vida pero reconozcámoslo: las agujetas por follar de esa manera nos hacen sonreír. Así que, con gusto, pasé mis molestas agujetas.
Desde entonces hemos repetido cada vez que has podido escaparte al sur. Y, aunque no te lo diré, he notado que tus visitas son cada vez más frecuentes y ahora te haces el Madrid-Sevilla/Sevilla-Madrid un par de veces al mes. Y me encanta que tus frecuencias en mi vida vayan in crescendo.

Te fuiste de mi casa hace apenas unas horas y al mirar en mi escritorio he encontrado un ticket de una tienda de bocadillos en el Mercado de San Ildefonso y la programación de una sala de teatro en Triball. Cada vez que pasas por aquí dejas algo, como dejándome rastro de tu existencia por si la olvidase. Y reconozco que consigues el objetivo.

Y lo he ido guardando todo: los papeles del curro que te dejaste la primera vez, el calcetín que me cambiaste por error, la bufanda turquesa y ahora incorporaré el ticket del bocadillo y la programación teatral.

Y no sé qué es pero mi chico de Malasaña tiene algo. Algo adictivo porque hoy no sé qué daría porque durmiese aquí conmigo y volver a encontrar rizos en mis sábanas recién lavadas.

miércoles, 4 de febrero de 2015

La puta que sueña ser musa

Hay rachas, y no hablo de semanas o meses, en las que nos es más fácil conocernos desde fuera que desde dentro. Un buen día empezamos a ahondarnos, incluso a perforarnos para extraer respuestas: ¿qué pasa?, ¿qué estamos haciendo con la vida?.

El desaliento de subsistir en barras de bar empieza a pesar, la intensidad y los excesos de alcohol y drogas me estaba abrasando por dentro, el alimentar que no frenase el cortejo de hombres pasando por mi cama de metro y medio dejó de ser una diversión. Entonces empecé a ahondarme, taladrarme la cabeza y perforarme el corazón.

Reencontré cosas de mi que me encantan y las rescaté del hundimiento. Al hacerlo, mi ritmo de vida se fue relajando de manera natural y empecé a serme más productiva. Necesitaba serme fructífera porque me estaba empezando a no vislumbrar, cada día más lejos y al borde de caer a un precipicio sin nadie que diese la voz de alarma. Porque no hay nadie.

Y también reencontré otra cosa que pensé que ya no existía, y esa, no me gustó tanto como las otras. Pensé que se había evaporado fruto de aquello que llaman madurar pero no, ahí sigue.

Hay miles de chicas con atrapasueños en el techo del dormitorio, cientos de libretas con fragmentos de poemas y canciones anotadas, amantes de la poesía que coleccionan libros de literatura alternativa y todas nosotras estamos bien jodidas. 

Estamos jodidas por eternizar el pueril sueño de llegar a ser musas de cualquiera. No exactamente cualquiera. Musas de aquellos que nos parecen brillantes y que admiramos a pleno pulmón. Esos, esos nos volverán locas a corazón abierto. 

Y ahí estarán esas musas que son capaces de subsistir respirando el dióxido que nos ofrezca él, que fantasean con rescatar del naufragio a fulano o las que tienen la necesidad de demostrarse que el amor existe como lo soñó desde niña y para ese amor, tienes que sentirte su musa.

¡Pues no!

Me lanzo al vacío fiándome de una intuición que, aunque a veces falla, es la única en la que sé confiar y serle fiel. Empeñada en derretir corazones de hielo que no serán derretidos por mi sino por otras. Y yo lo deseo, lo ansío, me empeño en ello hasta debilitarme y desgastarme. 
Demolida, vivir se convierte en subsistir durante un tiempo.

Y llegan otros. Llega él.
A él no le apasiona la poesía, no entiende muy bien porque me encandila un tipo de cine o porque en el spotify hay una lista oculta para ser escuchada sólo cuando este sola. Son rarezas, pero se preocupa en hacerme saber que son anomalías que le encantan.
Él no quiere musas.

Y para él no hay una mujer que lo rescate de sus naufragios ni tenga lumbre para derretir sus miedos y cobardías de hielo. 
La mujer que él encuentra tiene una mordaza en la boca y cuerdas en las manos, descubre a una mujer fría y, aparentemente, segura de sí misma que no quiere entregarse. No es que no pueda brindarse a él, es que no quiere.

Y estoy profundamente cansada de ser dos mujeres. Cansada de ser la equivocada con el acertado y la exacta con el inexacto.

Creo que soy adicta a la tristeza, a la melancolía y al drama. Lo he sido siempre pero pensé que esa parte de mi habría madurado con veintiséis años pero no, ahí sigue la puta soñando ser musa.



lunes, 2 de febrero de 2015

Un invierno sin sol

Yo amé, con perdón.

Amé por encina de todas las cosas, que es,
permítanme que les diga,
de la única forma en la que se puede amar.

Yo viví 
en un cálido regazo del amor,
protegido bajo su techo,
comiendo de su misma mano,
aprendiendo el fuego hasta verlo arder,
hasta quemarnos.
Compartí su sudor
y ascendí en su alegría de peldaño en peldaño.
Es decir: de dos en dos.

¿Sabéis qué?
Yo tampoco creía en la magia hasta que la vi.
A ella.
Irradiándola, desprendiéndola,
descontrolando el tiempo
y cargándose con un gesto cualquier rutina impuesta,
criando una primavera en cada estación.

Solo quería decirles eso.
Decirles: yo tuve un reino y lo llamé hogar.
Y fue tan inmenso como el más pequeño de los detalles,
una puta barbaridad.
Así debía de ser mi cuento.

Sin embargo, escribo desde el dolor aquel
en el que solíamos gritar que todo acaba mal
porque si no, no acabaría.

Así fue
que todo se llenó de distancia
y de sangre,
todo se ensució de grietas y pudriéndo-
se pasó como una enfermedad
por delante nuestro,
un olvido por encima de nosotros
paseándose,
jodiéndonos, 
diciéndonos adiós,
a Dios reclamadle. 

Estas son mis ruinas y esta es mi voz,
un paseo con vistas a los escombros.
Si veis al amor por ahí, solo decidle que lo siento.
Que el frío se ha hecho ciudad,
y yo, solo, he aprendido a quemarme.
Que la poesía pague los destrozos
y su recuerdo sea mi única migaja de calor.
Esta es la historia de un derrumbamiento.
El infierno hecho paisaje.
Mi baile nupcial sobre el lodo.
Un invierno sin sol.

Encandar Algeet 

jueves, 29 de enero de 2015

Aunque ahora seamos un teatro vacío


Ayer comí con quien fue mi pareja siete años. 

Son pequeños detalles pero en el bar me salió decirle que pidiese una tapa que yo ya había probado porque sabía que le gustaría. Conozco su paladar al dedillo. 

Me contó una historia que sabía que me jodería y lo llamé por su nombre completo. Ese nombre compuesto que poca gente sabe que tiene. Así lo hacía cuando me enfadaba con él en el salón de casa.

Tiendo a ser mandona y autoritaria con él. Esa actitud maternal fue una de las causas de que se nos muriese lo que construimos pero yo sigo tomándome la licencia inconsciente de darle amonestaciones.

Él sigue escuchándome sin poner un pero a nada de lo que diga. Eso también fue uno de los motivos por los que me hastié de él. Siempre se ha amedrentado frente a mi.

¿Y sabéis qué?

Estoy profundamente orgullosa de haber compartido esos años de mi vida con alguien como él. Es buena persona hasta los límites de la bondad, siempre me trató con respeto y me valoró como me merezco.


Y es maravilloso saber que es mutuo el alegrarnos de nuestra felicidad por separado y sentir que, de algún modo, nos hemos marcado para ser más valientes en esto del vivir. 

Nos sobrepusimos de las ruinas que nos dejamos y os aseguro que aquellas ruinas parecían brutalmente inabordables.

El amor se nos caducó y lo intentamos salvar después de muerto. Ahí fue cuando nos ahogamos el uno al otro. Ahora nos vemos con los pulmones repletos de aire y brillo en los ojos.


XI
Mi amor, este poema
es para que lo leas cuando no esté a tu lado,
cuando no pueda ya cuidar de ti.

No te conformes nunca con alguien que no piense
que tu eres una llama más antigua que el fuego,
que tu eres su razón para vivir.

Aprende a no querer a los que no te quieran
y elige bien a qué le tendrás miedo:
no habrá sombra que oculte lo que tú temas ver.

Escapa del que piense
que el aire es la pared de lo invisible
y huye de aquel que crea
que es más feliz quien menos necesita
porque ése no podría necesitarte a ti.

No te rindas, no olvides jamás que la tristeza
sólo es la burocracia del dolor.
Y si sientes que el mundo se derrumba,
no intentes abrazarte
a otro que esté cayendo a la vez que caes tú,
como yo hice contigo.

Algún día
tendrás que despertarte para salvar tus sueños.
Algún día sabrás que en las promesas
hay siempre un cristal roto
en el que aúlla el viento frío de la mentira.

Recuerda todo eso.

No escondas lo que sientes por miedo a ser frágil,
como aquellos
que por guardar tan bien lo que más les importa,
lo pierden para siempre.

Recuerda que no hay nada que no pueda
ocurrir cualquier día.
No olvides que esta obra ha terminado.
No olvides que le hablas a un teatro vacío.

Benjamín Prado - "Marea Humana"

viernes, 23 de enero de 2015

Me tengo indulgencia

Es complicado esto de perdonarse.

Los lunes me pongo normas:


  • Ana: has limpiado toda tu habitación como una neurótica. Cortinas, sábanas, cojines, ropa que estaba limpia pero estaba por medio, ordenar los libros, guardar los miles de cables y cargadores que andaban sueltos por el escritorio. Y queda totalmente prohibido fumar en el dormitorio. Prohibido.
  • Ponerme en serio con el inglés porque si aprovecho los cinco días de la semana (estas cosas se miden en días laborales, por supuesto) habré avanzado un montón. Decidido, esta semana me ventilo tres o cuatro temas.
  • Pasar un día en casa de mis padres. Es importante pasar tiempo con la familia y la mía es la mejor del mundo. El miércoles podría ser un buen día para cenar en casa.
  • Ir a correr por el río. Ana hay que hacer deporte porque después te sientes mejor, estás más cansada por la noche y duermes mejor. Sabes que el insomnio te sienta terrible.
  • Organizar la comida de la semana. Y ahí estaba la tía el lunes en el supermercado, con una lista en la que cuadraban almuerzos y cenas con el equilibrio de un nutricionista.
  • Otra vez me he impuesto la ley seca porque el fin de semana pasado me excedí, así que nada de alcohol entre semana.
  • Evitar mis bucles de sociopatía y dejar de recrearme en mis miserias porque después me entran unas penas que solo las calmo escuchando cantautores cortavenas.
  • En relación a lo anterior: no escuchar cantautores cortavenas. Y lleno el spotify de listas perfectas: música relajante, que aporte energía y buen rollo. Sí, con esto de banda sonora encararé mejor la semana.
  • No leer poesía. Tía sabes que te encanta pero esta semana no te  sentará bien por lo que evita esos libros.
Y tengo que reconocer que todo ha ido genial.

Nada de tabaco entre mis cuatro paredes, ayer fui a casa de mis padres a cenar pero decidí dormir en mi piso, aunque eso cuenta como "tiempo familiar". La alimentación equilibradísima. Me he relacionado con mis compañeras de piso, invité a comer a mi amiga del barrio, tomé café con amigos de la facultad, eso si, todo ello sin alcohol como una campeona. Y por las noches he estudiado inglés con música de relax. 

Amanecí el jueves con ganas de quitarme los grilletes y nada...

No he tocado un libro de inglés en todo el día, quité la conexión de datos del móvil para no tener noticias ni de mi madre (y no se trata de una frase hecha), me he negado a cocinar y me he alimentado a base de restos de cosas que me la zumba si se equilibran o no. Nada más me he relacionado conmigo misma, he fingido una siesta eterna para que nadie me demandase con alguna historia y me he recreado en tooooodo lo que me ha dado la gana, fuese o no real.

Eso si, me puse el chándal y me fui al río a correr. 
Para cuando terminase relajarme un poco, me eché un libro y el paquete de tabaco.

Llegué al río y pasé de correr. Me senté en un banco aislado, me puse los cascos y empecé a ponerme música. Y sí, fui de cantautor en cantautor hasta haber calentado lo suficiente y sacar el libro.
Y también, "Veinte poemas de amor" de Neruda. Todo ello fumándome un cigarrito tras otro. Muy cómico porque con el chándal rosa fucsia realmente parecía muy deportista y mirad mi plan en el banco sentada, vamos me faltaba la litrona de cerveza.

Al llegar casa, me he dado una ducha y me he puesto el pijama de lunares con terciopelo por dentro.

He pensado: "Quilla ya que estás: te tomas una copita de vino y ves una peli cenando".

Lugares comunes de Aristarain, así algo suave para no volverme muy profunda y reflexiva. ¡Já!

Han sido dos copas de vino y dos cigarros en mi dormitorio. El mismo en el que el lunes estaba PROHIBIDO fumar.


¿Lo mejor de todo?
Que me perdono; me indulto de corazón porque me hago gracia y mucha. No sé para qué coño intento ser tan rígida si sé que a mi no me gusta vivir de forma disciplinada y estricta.

Así que brindo por el autoperdón con una tercera copa de vino y Aute de fondo.




jueves, 22 de enero de 2015

Desastres





"Y la razón te pide que frenes, te recuerda que no sabes volar, que vas a caer en picado, que esta vez no te puedes enamorar.

¿Qué te hizo pensar que podías ordenar este caos de cabeza y corazón? 

¿Qué te hizo creer que podías reemplazar el dolor de un papel en blanco por un atraco a beso o muerte?

El tiempo te ha enseñado que yo soy más de versos y de buscar la suerte en los lugares menos apropiados. Que la busco en bocas que contaban mentiras y que miras por donde miras solo vas a encontrar a una persona perdida. 

Cielo, no es culpa tuya todo esto. Yo ya estaba perdida antes de conocerte, ya era un desastre en las noches con copas de por medio. Ya era demasiado niña para la vida y demasiado mujer para un hombre.


Y aunque es cierto que contigo aprendí a ver el vaso medio lleno, deberías saber que tan solo me has servido para ahogarme."

Loreto Sesma

lunes, 19 de enero de 2015

Calcetines desemparejados

Como todos los soñadores,
confundí el desencanto
con la verdad.

Jean-Paul Sartre

- ¿Tú qué eres la chica de moda?

Y entiendo tu pregunta, aunque me jode esa afirmación con signos de interrogación.

Me jode porque siempre me consideré de las que iban a contracorriente, de las que son difíles de leer y creen que pocos pueden entender lo que dices entrelíneas.

He pasado más tiempo de bares estos meses del que me gustaría reconocer. No sé con exactitud a cuántos camareros que no me dejan pagar conozco. No puedo sentarme en ninguna terraza a tener una conversación porque cada 10 minutos saludo a alguien, normalmente no recuerdo el nombre de esa persona y tengo estudiados paripés de simpatía.

No sé cuánto de cinismo hay en mi, y eso que siempre lo odié. Amo el sarcasmo inteligente pero odio el cinismo.

Y tú recién llegado para invitarme a cenar.
La conversación es perfecta. Hemos compartido profesores de la facultad, publicas tu primer libro de narrativa de viajes en breve, estás emocionado y me cuentas anécdotas de tu aventura africana que me deberían tener embobada y estoy distraída. Eres guapo como pocos: piel azúcar morena, rizos perfectos y pestañas infinitas. Es totalmente lógico que tus amigos te llamen Lenny porque te das un airazo al señor Kravitz. Te miro y sé que eres el morbo personificado y quiero que acabes en mi cama de nuevo.

Nos vamos de copas y eres aún más divertido. Te molestan todos mis comentarios sobre "lo buena gente que me pareces" porque estás seduciéndome constantemente pero lo hago para jugar contigo. Y bien sabes seguirme el juego. Hasta que me dices, con esa sonrisa perfecta, que como siga haciéndote comentarios de ese tipo, voy a dañar tu ego masculino.

Entonces termino con el teatro y nos vamos a mi casa. 
No sé si me quedo con el intenso sexo nocturno o con el aún más intenso en la mañana. Honestamente tus ritmos mañaneros fueron brutales por lo que, y que yo diga esto es extraño, es un placer amanecer contigo.

Y todas estas estupideces solamente han venido por los calcetines.
Es estúpido pero no he sido consciente hasta ver el calcetín.

Te has ido con un calcetín tuyo y uno mío. Y me has dejado igual, con uno y uno.
No sé si ha sido consciente o inconsciente pero no sé si nuestros calcetines volverán a emparejarse o los dejaremos así.

Sólo por una cosa: Eres demasiado perfecto y yo soy un desastre.
No soy la chica de moda, soy un desastre lleno de contradicciones que tal vez el mejor recuerdo que quiera tener de ti sea un calcetín descabalado.

lunes, 12 de enero de 2015

Enigmas del mirar

17 meses aproximadamente. 
Algo más de 500 días de preguntas y espirales grises.

Puede parecer mucho pero ha sido más breve de lo que podrían imaginar, breve pero intenso como una noche de fiesta. Exactamente así.

Aprendí a mirar de otra manera, 
Entendí que buscando siempre la intensidad mejor me doy por perdida y yo jamás seré derrotista, comprendí que no es sano exigir a los demás que me prioricen de algún modo. Conseguí digerir (¡y vaya si ha costado! ) que lo hacía para ocultar mis carencias e inflar mi ego. Exigencias con destino a un fracaso pronosticado.

Conseguí interpretar que me hace más feliz lo que construyo a lo que fantaseo. Lo más importante es que cuando construyo no tengo miedos. Y estaba tan cansada de tener miedo.

Miro dentro de ti e intuyo claridad. No sabes como valoro esa luz tan clara.

Miro a través de ti y me gusta que compartamos idioma. Me encanta que nos respetemos los dialectos. 

Te miro y me enloquece lo que veo. 
Me vuelven loca tus energías y tus impetuosas ganas de comunicarme planes y proyectos que tienes en mente.

Cuando me miras tú, bajo la guardia y espanto a las dudas. 

No puedo escucharte sin mirarte porque me seduce ese binomio. 

Me seduces dentro y fuera de las sábanas, aunque no subestimo lo distinto que son los placeres en un plano y en otro. Sin duda, me conquistas en ambos.

Te gusta viajar y recorrer kilómetros. Te encanta volar y a mi me fascina que tengas alas.

Aunque esta noche detesto los 530 kilómetros que me separan de ti.


martes, 6 de enero de 2015

Día de Reyes


Odio cuando mi hermano me quita el asiento del copiloto y tengo que sentarme en la parte de atrás del coche.

Salgo por la puerta de casa y ahí está él, mirándome desde el cristal empañado con los mismos ojos de nuestra infancia diciéndome: “Te he quitado el sitio, ¡ja!”.



Cierro con fuerza la puerta trasera del coche y me quedo en silencio de mala gana, mientras ellos dos se burlan de mi mal humor. Entonces mi padre conoce bien la solución y, sin hablarme, empieza a poner canciones que me sabe que me encantan.



- Esto es with or without you de U2.


Claro, yo entro al trapo inmediatamente, como siempre:


- ¡Qué dices! Esto es wish you were her de Pink Floyd, papá!


De nuevo se ríen de mi. 

Y yo ahí atrás como una niña de cinco años con el ceño fruncido y los labios apretados con mis regalos de reyes al lado, de morros porque mi hermano me ha quitado el sitio del copiloto y mi padre me vacila con la música.



Luego suena “A kind of magic" de los Queen.

Le encanta sacarme de mis casillas y me empieza a contar lo maravillosa que fue la gira “Magic Tour” de los Queen y lo que disfrutó viendo a Freddie Mercury en directo. De ahí a lo que alucinó viendo a BB King, los Rolling, Bruce Springsteen, Pink Floyd, Mike Oldfield y así hasta que consigue lo que busca:



- ¡Papá qué te calles! ¡Oh he vivido la universidad de la transición!, ¡también la militancia en la clandestinidad corriendo delante de los grises! ¡Y por si no fuese suficiente he visto en directo a los grandes de la música!. ¡Paso de ti y de tus batallitas, Quirós!

Abro la ventanilla y me enciendo un cigarro sin ganas de fumar sólo porque "en el coche no se fuma".
A los treinta segundos se me ha pasado la pataleta y levanto la vista.


Y ahí está él, mirándome por el espejo retrovisor con los ojos achinados de la risa y la boca al lado que se le pone cuando le habla a la gente de mi y me dice:



- Yo también te quiero, Quirós.

Ya lo ha conseguido. 

Al final me ha hecho reír.