LOS HIJOS, MI HIJO, NUESTROS HIJOS
Por fin, ya estás en la cama. Ya hay silencio. Todo está en orden. Entonces piensas “qué maravilloso sería tener más tiempo para mí. Quisiera dejar de reñir, de perseguir. De ser espía y policía, de ordenar lo que desordenan, de recoger. De controlar. ¡De pelearme con los niños!”.
Pues todo eso llegará. La casa estará ordenada. Las paredes limpias. Nadie te desafiará ni te llevará la contraria. Tampoco tendrás que hacer deberes con nadie ni obligar a nadie a poner la mesa. En tu casa habrá silencio. No habrá risas. Ni abrazos entre hermanos. No habrá manitas sucias que ensucien lo que limpies. Ni conversaciones sobre novios ni amigos que ya no lo son. No habrá visitas al psicólogo o al pediatra. Ni clases de refuerzo.
Tus hijos habrán dejado el nido.
Entonces te darás cuenta que todo aquello que en su momento te parecía una carga, la perspectiva y el tiempo lo han convertido en recuerdos de oro.
Nuestros hijos no nos dan trabajo. ¡Son nuestro trabajo!
El periodista Pedro Simón lo dice mucho mejor que nosotros:
“Te tropiezas con un balón de espuma y encuentras un muñeco bajo el sofá. Giras el grifo del lavabo y descubres que anida un pato de goma. Abres la sandwichera y ahí están, achicharrados, tres cromos del Osasuna.
A veces maldigo este caos de casa tumultuosa con niños. Pero sé que algún día maldeciré todo el orden a solas que vendrá después.
Vuestros libros ordenados, pero sin ser abiertos. Vuestras camas hechas, pero frías. Los platos pulcramente recogidos en la alacena, pero sin nadie con quien comer.
Tener hijos y salir a la calle es como llegar a la ceremonia de los Oscar de sobrado con dos estatuillas bajo el brazo, una hora antes de que empiece la entrega de premios: sabes que te los has ganado seguro.
Tener hijos es pisar la acera a las ocho y media con toda la gimnasia hecha: los abdominales del estrés, las flexiones del ‘no se puede’, el pilates del ‘haz lo que debes’, el yoga del ‘aprovecha el tiempo’, los lumbares de la desobediencia y de la sinrazón. En tan solo media hora, mientras te aseas. Así que cuando sales al mundo adulto ya no te acojona nada y todo te preocupa lo justo.
Para convención popular, la que montas un domingo lluvioso en casa con los amigos de tus hijos.
Para dimisión irrevocable, la que te presentan cada día que les pones verduras.
Para exclusiva, la de que el pequeño tiene otra novia y no hace declaraciones.
Para ‘share’, la audiencia que os da mamá durante le cena, siempre con un cuento delante.
Para traición, la mía, que nunca estoy; la vuestra, que habéis preferido la Play a las chapas.
Para problemas laborales, los que me da esa ortografía en huelga y sin servicios mínimos.
Para inflación, la de los besos de Martín, que cada vez los vende más caros.
Para crisis, la que acontece cuando se acaba el verano.
Me lo enseñó una tarde mi abuela, que lo llevaba escrito en un marcapáginas y leía una novela de Capote, eso de que los legados más importantes que los padres y las madres pueden dejarles a sus hijos son dos: uno son las raíces; el otro, las alas.
Algún día regresaré a casa tarde a causa del trabajo (o de la falta del mismo). Abriré la puerta del salón y todo estará en orden. Será que habéis volado, vaya. Entonces echaré en falta la felicidad que era este perfecto desorden.”
La felicidad más absoluta llega cuando para nosotros es más importante besar las manitas sucias de nuestros hijos que la suciedad de sus manos.
La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar. Eduardo Galeano
viernes, 26 de mayo de 2017
jueves, 17 de noviembre de 2016
Un día cualquiera
Ese día fusilaron a Primo de Rivera.
Ese día Kennedy puso fin a la crisis de los misiles y los soviéticos los retiraron todos de la isla. La Guerra Fría llegaba a su fin. Já!
Ese día comenzaron los juicios de Slànský donde se pretendían juzgar a estalinistas y antisemitas...cosas que tiene la globalización.
Ese día murió Franco. Arropado y bajo atenciones médicas. Y mi padre salió a la calle a celebrarlo. Y creyó en la libertad. Y sigue creyendo en la libertad, en cambiar el mundo y en la política. Por eso, y por tantas otras cosas, lo adoro.
Y ese día, pero de este año, yo iré al concierto de The Cure.
¿Quién me iba a decir que un concierto de The Cure tendría tanto significado?
Estaba planificado desde Valladolid, hace algunos meses.
Se han ido complicando las cosas. Los seres humanos somos tan egoístas que cualquier cosa la equiparamos a un conflicto de dimensiones internacionales.
Y a mi The Cure me viene sonando a BSO de cierre.
La Guerra Fría marcó la concepción norte/sur.
Y ni siquiera entonces, el SUR pesó tanto.
martes, 6 de septiembre de 2016
El amor es un acontecimiento
Sonó a sentencia.
El título de esta parrafada me supo a veredicto final, casi una oración divina. Y no lo entendí.
Sin embargo, la navidades pasadas lo fueron.
De la noche a la mañana comenzamos a coincidir, de repente parecía que nos refugiamos el uno en el otro. Tú con tu cuenta atrás destino oriente y yo en medio de mi dicotomía Madrid y mi sur.
Finalmente nos buscábamos, aunque yo no lo supe ver entonces.
Y allí me vi, en aquel taxi por la Gran Vía navideña, tan invernal y poética. Y con una frase final subtitulada en la mirada: "The End".
Lo que yo presagiaba como fin no lo fue en absoluto.
Has cambiado Madrid.
Ha sucedido algo que me prometí que no me pasaría pero, si te fueses, ya Madrid no sería lo mismo.
Has convertido el tiempo en algo más cálido, mi hormigón es más frágil, mi frialdad es más incendiaria. Estoy más en riesgo que en el Madrid de antes de ti.
Pero no me dejaste nunca quedarme al borde del camino.
Has sido tan arrollador e intenso que me has ido arrastrando.
Pero... ¡a ver quién se resiste!
Risas, delicadeza, besos infinitos, afinidad, naturalidad. Un sexo apasionado en el que el tiempo vuela. Una sensibilidad y una ternura tan nativos que fíjate...
Ya hay un Madrid antes de ti.
Y ojalá pase mucho tiempo hasta que tuviese que hablar del Madrid después de ti. Porque quiero que este Madrid dure. Mucho.
Al final era verdad.
Es un acontecimiento.
sábado, 11 de junio de 2016
¿Casualidades?
Sin saber cómo o por qué a veces nos cruzamos con alguien a quien te une la vida de manera natural...
Y, por suerte o desgracia, me pasa lo mismo que a ella.
Últimamente paso poco por aquí.
Pero se me da fatal escribir sobre la felicidad.
PD: Te echo de menos Sil.
miércoles, 30 de diciembre de 2015
Magia inefable
Abrí el bar a las 11 de la mañana, en un estado de desorientación absoluto.
Fui atendiendo a los clientes de un modo automático, sin prestar atención pero siendo sorprendentemente efectiva. Aunque de haberme pedido alguien un chupito de cianuro con cáscara de pomelo y naranja, de buena gana se lo hubiese servido y cobrado.
A las 5 aparereció por la puerta con una bolsa de papel marrón que reconocí de inmediato. He comprado mucho en la librería Cervantes de calle pez durante este año.
Un libro de poesía con una dedicatoria que no tuve el valor de leer, aseguré que sería lo primero que haría al subir al tren en Atocha.
Y cuando el AVE comenzó a avanzar tuve el valor de abrir el libro. Entonces deseé no haber cogido el tren.
Y pude ver que un acontecimiento termina condenado a ser pasatiempo sólo si es lo que quieres. Lo que aparece aparentemente como banal puede terminar siendo un fenómeno mágico, sólo si tú quieres que lo sea.
La vuelta a casa por navidad ha sido preciosa, plagada de reencuentros y amor a raudales.
Aunque confieso que empiezo a morirme de ganas por volver a subir al tren pero dirección Madrid.
Y cuando el AVE comenzó a avanzar tuve el valor de abrir el libro. Entonces deseé no haber cogido el tren.
Y pude ver que un acontecimiento termina condenado a ser pasatiempo sólo si es lo que quieres. Lo que aparece aparentemente como banal puede terminar siendo un fenómeno mágico, sólo si tú quieres que lo sea.
La vuelta a casa por navidad ha sido preciosa, plagada de reencuentros y amor a raudales.
Aunque confieso que empiezo a morirme de ganas por volver a subir al tren pero dirección Madrid.
lunes, 16 de noviembre de 2015
Otoño II
Incógnitas y certezas por cada rincón.
Mi impaciencia congénita se ha apaciguado, es verdad eso de que todos ponemos etiquetas a nuestra personalidad hasta que llega un estímulo tan arrollador que cambia códigos y precios a tu vida.
Entras y sales con la libertad que jamás le di a nadie. A tu regreso nunca hay tensiones o censura porque me suscitas un delirio de emociones. Te mariposeo mientras jugamos a los desconocidos. Reconozco que esos ojos pícaros y oscuros me dan tanto calor.
La viveza del tiempo junto a ti hace que pierdan importancia las semanas que ambos dejamos en blanco.
Mis dubitativas maneras echan el cierre al pensarte. Me engatusa tu curiosidad por la vida y que no seas consciente de ello. Embobada me dejas con esa valentía por vivir el momento, contigo no existen los miedos y yo no encontré mejor terapia para ahuyentar tantos como aguardaba. Me embauca tu inteligencia y esa transparencia marcada por pequeños golpes de la vida. Tu inquietud por el paso del tiempo y la levedad de los días en esta juventud que crees estirar. Me gustas porque eres buena persona, creo que mucho más de lo que piensas. Tus gestos te delatan y pude verte desde el principio.
Y no se me ocurre mejor cierre que citar a uno de los grandes.
"Mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple.
Mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites."
Benedetti
9171
Es un secreto a voces. Me grito y también lo hacen las esquinas y los bares de este barrio.
Continuo viviendo y probando.
¿Pero qué queréis que os diga?
He probado cigarros a medias, y nada es comparable con el humo de un lucky strike saliendo de sus labios.
Continuo viviendo y probando.
¿Pero qué queréis que os diga?
He probado cigarros a medias, y nada es comparable con el humo de un lucky strike saliendo de sus labios.
martes, 22 de septiembre de 2015
Otoño I
La
contaminación lumínica debe jugar un papel importante, aunque me resulte inapreciable.
Subo San Bernardo desde la Gran Vía y se me desvía la mirada hacia el cielo.
Giro
a la derecha hacía Espíritu, mi hogar, y ahí me parece que la noche brillase
más. No sé qué sucede pero ando enamorada de esta ciudad. Al mirar sus calles,
siento como si el estado y la temperatura de Malasaña se adaptase a mí. La noto
arder cuando yo ardo, la siento a fuego lento cuando me advierto destemplada y
me muerde gélida cuando la nostalgia me pisa los talones.
Pero
siempre la siento como un cielo despejado plagado de estrellas expectantes de
mis deseos. A veces me descubro lunática hablando con ella. No siento riesgos
porque hemos encajado, y yo la quiero. La amaré por siempre.
A
cada esquina de Callao y a cada parque del Retiro. Pasear por Huertas o por
Hortaleza y seguir confundiendo sus nombres. La manera de aclararlo siempre es
mirar alrededor y pensar: ¿Estás en el Barrio de las Letras o en Chueca?. La
respuesta me la da el escenario, es la clave inconfundible. El vértigo de la
Gran Vía en hora punta y que cada paso de peatón me haga sentir más viva y más
fuerte. Las escaleras del metro con su lado izquierdo para correr del que antes
me apartaba, ahora me seduce porque me percibo con energía y ganas de correr.
Pasar por Tribunal con una lata de mahou en la mano y bajar por la Corredera
hasta Pez para terminar en mi bar, ese lugar plagado de IPAS y lager’s que
siento como un refugio.
Pues
nada, es cierto eso de que una se enamora cuando menos lo busca y espera.
Y
Madrid…pienso apostar fuerte porque nuestra historia no sé si durará para
siempre, pero algo me dice que ambas estamos dispuestas a intentarlo.
miércoles, 9 de septiembre de 2015
Vísperas del otoño en Madrid
Lo intento.
Prometo que aspiro a encontrar las palabras exactas.
Es imposible.
Aún no consigo darle forma a la felicidad.
Se me da mejor vivirla.
"Parecía que estaban a punto de caerse
pero no: cuando ella tropezaba, la
sostenía él; cuando él se tamboleaba, lo
enderezaba ella. A dúo andaban, bien
agarraditos el uno del otro, pegados
el uno al otro en los vaivenes del mundo."
Galeano
Prometo que aspiro a encontrar las palabras exactas.
Es imposible.
Aún no consigo darle forma a la felicidad.
Se me da mejor vivirla.
"Parecía que estaban a punto de caerse
pero no: cuando ella tropezaba, la
sostenía él; cuando él se tamboleaba, lo
enderezaba ella. A dúo andaban, bien
agarraditos el uno del otro, pegados
el uno al otro en los vaivenes del mundo."
Galeano
miércoles, 8 de julio de 2015
Declaración de intenciones I
Estamos dejando de disimular que aún no nos conocemos.
Me voy sintiendo cómoda en tu mirada.
Vas poniendo fin a mis poses, emanas luminosidad y me vas cambiando el huir por fluir.
Vuelo bajo para no perder de vista el suelo.
Contigo me siento en terreno firme pero con nubes en el estómago.
Siempre me cosquilleas en la barriga antes de verte.
Y cinco segundos después de que aparezcas en la cabina de la Dos de Mayo, las cosquillas se convierten en ganas.
Deseo.
Apetencia de reflejarme en tus ojos.
Y cada noche se reduce el tiempo que tardas en conseguir que no me quite la sonrisa de la boca.
Me declaro adicta a tus sábanas.
Y adepta a tu pircing de la lengua.
No quiero que te marches.
Ni tampoco retenerte.
Sólo quiero seguir floreciendo en tu mirada y que tu luz me cale sin que me provoques un ápice de frío.
Sólo quiero ir cogiendo altura sin moverme de Malasaña.
Sólo quiero que no desaparezcan las cosquillas. Y que el deseo me tenga en las nubes.
Y que me provoques este buen humor. Esta certeza de sentirme bien.
Que me excarceles los miedos y mis cobardías.
Seguir siéndote adicta y adepta.
Aunque ahora hace calor, el invierno viene de frente.
Te dosifico todo lo que puedo. No quiero que nos cansemos el uno del otro. No quiero que el otoño tiña de marrón grisáceo las diez de la noche en la Dos de Mayo.
Sin duda, Malasaña sería distinta sin rizos. Malasaña sería otra sin libros prestados y pérdida de pendientes.
Y sino me quedo a dormir no es por falta de ganas.
No me quedo porque es pronto aún.
Y confieso que contigo lo quiero todo.
Pero a fuego lento.
Pero a fuego lento.
viernes, 3 de julio de 2015
A veces no hay palabras, pero siempre hay poemas.
ANTES DE SER MADURO
Todavía la vieja tentación
de los cuerpos felices y de la juventud
tiene atractivo para mi,
no me deja dormir
y esta noche me excita.
Porque alguien contó historias
de pescadores en la playa,
cuando vuelven: la raya del amanecer
marcando, lívida, el límite del mar,
y asan sardinas frescas
en espetones, sobre la arena.
Lo imagino enseguida.
Y me coge un deseo de vivir
y ver amanecer, acostándote tarde,
que no está en proporción con la edad que ya tengo.
Aunque quizás alivie despertarse
a otro ritmo, mañana.
Liberado
de las exaltaciones de esta noche,
de sus fantasmas en blue jeans.
Como libros leídos han pasado los años
que van quedando lejos, ya sin razón de ser.
-obras de otro momento.
Y el ansía de llorar
y el roce de la sábana que me tenía inquieto
en las odiosas noches de verano,
el lujo de la impaciencia y el don de la elegía
y el don de la disciplina aplicada al ensueño,
mi fe en la gran historia...
Soldado de la guerra perdida de la vida,
mataron mi caballo, casi no lo recuerdo.
Hasta que me estremece
un ramalazo de sensualidad.
Envejecer tiene su gracias.
Es igual que de joven
aprender a bailar, plegarse a un ritmo
más insistente que nuestra experiencia.
Y procura también cierto instintivo
placer curioso,
una segunda naturaleza.
Jaime Gil de Biedma
lunes, 22 de junio de 2015
Madrid omnipresente
Aunque la polución es espantosa en esta ciudad, hacía años que una bocanada de aire no me limpiaba por dentro de este modo.
Tal vez he aprendido a respirar. Quizá.
Madrid y yo nos sentamos bien.
Esta tarde la Gran Vía estaba preciosa.
En la plaza de la luna se celebraba el día de la música y los burning y Mclan sonaban genial. Me voy acostumbrando a lo de la lata de Mahou en la mano. Y me gusta familiarizarme con estas pequeñeces.
Ha desaparecido el caos mental y la inseguridad vital.
La paz ha llegado para quedarse. Esta armonía que tiene como banda sonora a esta anárquica y ensordecedora ciudad.
Llegué sin esperar una victoria pero saliendo a ganar.
Y me convertí en mi mejor triunfo.
Sería absurdo negar que le estoy siendo algo infiel a Sevilla.
Porque Madrid...
Me tienes enamorada.
viernes, 19 de junio de 2015
Asumo el riesgo
Voy a buscarte a la salida del trabajo,
a Madrid le faltan caricias y abrazos.
Se los daremos ahora.
¿Cómo ha ido todo?, ¿me has echado de menos?.
¿Sabes? anoche apareciste en mis sueños,
llevabas menos ropa.
lunes, 8 de junio de 2015
El deshielo en tu boca
Es cierto eso de que nos invade el miedo cuando las cosas suceden.
Pero luego te veo guiñarme el ojo justo antes de besarme y se me pasa.
Recuerdo lo guapo que estabas el jueves en el concierto con esa camisa de
cuadros rojos y el miedo me abandona.
Pienso en tu mirar y mi recelo se rinde. Se doblega y se retira, sabe que
no puede hacer nada para competir con tus ojos.
Te rememoro desnudándome con la seguridad que siempre lo has hecho y el
temor recapitula.
Ese desasosiego me abandona cada día.
Se aleja.
Esto es un deshielo.
Y lo único que deseo inundar es tu boca.
miércoles, 3 de junio de 2015
Las ruinas pueden ser majestuosas
Al abrir los ojos esta mañana se me escapó una sonrisa. Creo que aún estaba medio dormida, fue ese gesto el que me terminó de despertar.
El origen de mi ánimo fue notar que estoy aprendiendo a distinguir tus tonos de voz. Tu tono cuando me cuentas cosas que te importan y el que usas para llenar el tiempo con temas más banales. El tono que usas cuando me arremetes para picarme. Tu voz al hablar de tu pasado es tan distinta a la que te sale para hablar de tus padres.
Me gusta tu prudencia al plantearme temas políticos. Me divierte que admitas que no sueles introducir la política en tus conversaciones pero que conmigo te causa curiosidad tocarla.
Has tardado mucho en utilizar cualquier expresión en la que aparezca la palabra "contigo" y sé de tu cautela al hacerlo.
Todo está tan en el aire que eludimos el "tú y yo".
Aunque no necesito verbalizar ningún "contigo", "nosotros" o "tú y yo" para saber que, cada día más, me apetece repetirte.
Te repito porque me sacias sin empalagarme ni empacharme.
Reincido en ti porque a cada lametón o bocado, tu sabor es distinto.
Eres una pieza que me encaja de forma natural. No te oculto ninguna de mis caras porque me percibo espontánea contigo en la fiesta más lunática, en un restaurante japonés refinado, en una función de teatro estrambótico o en los bancos de la plaza del dos de mayo con dos cervezas de lata.
Me provocas calma y nerviosismo a la vez.
Te siento con recelo e ímpetu simultáneos.
Llega un momento en el que todo eso se transforma en excitación.
Es entonces cuando sacas mi lado más carnal.
Me intuyo fuera de control y huyo de cualquier cosa que me encorsete. Por eso necesito que me quites la ropa con rapidez.
¡Y qué bien me lo haces!
Nada, me levanté de la cama porque eran casi las 10.
Encendí el ordenador. Y puse León Benavente.
Tengo que reconocer que en las primeras estrofas de "Las ruinas" me noté tan caliente como anoche mientras sonaba ese tema.
Y claro, tuve que volver a la cama.
jueves, 28 de mayo de 2015
Vivir en presente simple
Y sucedió.
Sabía que tenía que llegar. Este ímpetu inicial tenía que bajar.
Hoy no sé qué coño hago en Madrid.
Supe que hoy sería el día desde que amanecí. Lo supe por la música que me puse, porque siempre la música es mi hilo conductor y me desvela más de lo que me intuyo.
Esta habitación aún no me gusta. No están los póster de la República haciendo de cabecero, ni la caja de madera que traje de Cuba. Apenas traje libros, pesaban mucho.
Aquí las casas no tienen azoteas. Tengo terraza en el salón pero no hay color comparada con mi azotea de la Alameda. Me aliviaban tanto aquellos cigarros con vistas a la muralla de la Macarena.
Hoy quería una tostada y un café de mi madre.
Los necesitaba.
Y que mi perro apenas me dejase darle un sorbo al café sin saltarme encima.
Mi padre llegaría del instituto a cosa de las tres. Me hubiese empezado a contar todos los titulares de la prensa y me hubiese contagiado de ese entusiasmo tan suyo por cambiar el mundo.
Añoro muchísimo a mis amigos. Más de lo que imaginaba.
Salí a tomar unas cervezas y, casualmente, en el bar nos pusieron cruzcampo. Y fue una jodida putada.
De vuelta a casa, Malasaña estaba llena de gente.
Grupos de amigos riendo, hablando, disfrutándose y queriéndose.
Al entrar en mi portal todo me pareció muy oscuro.
Las escaleras de madera, la baranda verde carruaje y las paredes marrones.
Las subí tan lentamente que nadie hubiese dicho que vivo en un tercero. Por cada peldaño que subía, bajaba cinco mi valentía.
Y aquí andamos.
Malasaña está a rebosar.
El cielo de Madrid es precioso desde mi balcón en Espíritu Santo.
Pero yo tengo una nostalgia que me consume.
Aquí conjugando el pasado continuo una y otra vez.
Con un futuro imperfecto que yo elegí. Porque soy tan imperfecta que me abrumo.
Estar sola no es fácil, se supone que ya lo sabía.
Me olvido de sentir lo maravilloso de empezar no sé qué. Pero da igual el qué o el dónde realmente.
Lo fascinante es sentirse tan libre de lanzarse a hacerlo.
Eso, eso es un presente muy simple.
lunes, 4 de mayo de 2015
No dejes de contonearte
Madrid da vértigo. La adaptación a esta ciudad no me da miedo porque su velocidad engancha. Y la ciudad tiene algo. Aún no sé qué es.
Algo que me hace tener la certeza de querer quedarme.
La soledad la llevo bien.
Aunque a veces mataría por cinco minutos con mi gente.
Jamás he publicado aquí nada tan personal como esto.
Tu mensaje me ha dejado huella y quiero calcar aquí esa sensación que me ha dejado verme a través de tus ojos. Y que cuando la ciudad me sobrepase y asfixie, entrar aquí, leerte y llenar mis pulmones de aire limpio.
Porque con tu mensaje, Emilia, me he sentido como si hubiese estado en la corredera de Córdoba echando mil birras, aunque estuviese fisicamente en pleno barrio de La Latina.
Gracias.
Y yo si que te quiero.
"Hace mucho tiempo que quería escribirte. Quería, simplemente, dedicarte unas palabras, unos movimientos y trazos con mis manos que tanto mereces, o que tanto quiero regalarte.
Empatía que nos rodea y que nos protege, eso es lo que siempre me ha enamorado de ti. Pasión en nuestros pasos, para no pasear de forma inadvertida, para poder dejar huellas en las personas, cuerdas de nuestro gran teatro de títeres.
Gracias. No quiero seguir buscando la forma retórica de decirte lo importante que eres para mí. Es un verdadero placer, una auténtica gratitud compartir momentos contigo. Ojalá este mundo tuviese muchas más Ana, ojalá cada rincón del planeta aguardase las chispas que emanas, ojalá en cada sueño existiese alguien tan fuerte como tú.
Me enorgullece pensar en ti y de repente tener muchas muchas ganas de verte, para poder quedarme hipnotizada teniendo la suerte de escuchar tus palabras, sencillas, naturales, cercanas y cálidas.
No tengo ninguna duda de que los caminos futuros vendrán fuertes y sólidos, vendrán según la vida lo desee y según tu dances con la vida, pero jamás dejes de contornearte. Deslízate en el azar, báñate en los instantes, saborea cada parpadeo.
Guarda tu sentido de la justicia, eso se llama Ana.
Me encanta estar escribiéndote, aunque no logre encontrar el sentido o las palabras exactas. Simplemente lo hago porque me latía el corazón desde hace mucho tiempo. Me late porque sé que a ti también, porque nos permitimos hacer lo que nos de la gana, con una misión común: poner toda la carne en el asador, vestirme de "mi amiga" para saber encontrar las palabras que a ella le harán feliz, fuerte, ella. Porque siempre intentamos buscar el mejor vestido de gala para nuestras mejores compañías, lo que más les haga y nos haga brillar.
Te siento como un corset, con dos palabras me realzas con elegancia. Cuando pienso que las alternativas se agotaron, tiras de mí hacia arriba, con hilos fuertes, con fibras que aún no se han desgastado, y como al fondo, una melodía que levemente va subiendo de intensidad y que a horcajadas te impulsa a vibrar. Y después de una larga jornada puedo dejarlo de lado, desdoblarme como quiera sin tener que continuar erguida, sin tener que fingir, teniendo la libertad para soplar y respirar tan fuerte como yo me permita.
Eres mi amistad temporalmente más pequeñita, aunque eso ya no quiero ponerlo más sobre la balanza. Ahora prefiero una balanza abstracta. Deseo una balanza que yo siento y poseo, una balanza en la que cada ocaso, me invade los pulmones de valentía si me detengo a pensar en ti entre pedales.
Lo único que deseo es que seas la persona más feliz del planeta, dónde quieras, cómo quieras, con quién quieras... porque te quiero."
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