17 meses aproximadamente.
Algo más de 500 días de preguntas y espirales grises.
Puede parecer mucho pero ha sido más breve de lo que podrían imaginar, breve pero intenso como una noche de fiesta. Exactamente así.
Aprendí a mirar de otra manera,
Entendí que buscando siempre la intensidad mejor me doy por perdida y yo jamás seré derrotista, comprendí que no es sano exigir a los demás que me prioricen de algún modo. Conseguí digerir (¡y vaya si ha costado! ) que lo hacía para ocultar mis carencias e inflar mi ego. Exigencias con destino a un fracaso pronosticado.
Conseguí interpretar que me hace más feliz lo que construyo a lo que fantaseo. Lo más importante es que cuando construyo no tengo miedos. Y estaba tan cansada de tener miedo.
Miro dentro de ti e intuyo claridad. No sabes como valoro esa luz tan clara.
Miro a través de ti y me gusta que compartamos idioma. Me encanta que nos respetemos los dialectos.
Te miro y me enloquece lo que veo.
Me vuelven loca tus energías y tus impetuosas ganas de comunicarme planes y proyectos que tienes en mente.
Cuando me miras tú, bajo la guardia y espanto a las dudas.
No puedo escucharte sin mirarte porque me seduce ese binomio.
Me seduces dentro y fuera de las sábanas, aunque no subestimo lo distinto que son los placeres en un plano y en otro. Sin duda, me conquistas en ambos.
Te gusta viajar y recorrer kilómetros. Te encanta volar y a mi me fascina que tengas alas.
Aunque esta noche detesto los 530 kilómetros que me separan de ti.
